Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 8 Octubre, 2010


Los retos de la democracia en nuestra América


Acontecimientos recientes han puesto de nuevo a nuestra región latinoamericana en las primeras líneas de los noticieros del mundo, lo que la convierte en tema obligado de comentaristas y analistas de la actualidad internacional. No es para menos. Uno de los mayores logros políticos en los países del Sur del Río Bravo se dio en las décadas pasadas, al conseguirse, gracias a las luchas populares, que en todos los países y con diferentes matices ideológicos y culturales, se avanzara en el ámbito del ejercicio de las libertades democráticas.
Se hizo normal que los cambios de gobierno se dieran en el marco de elecciones más o menos libres. Las más brutales violaciones a los derechos humanos, como los genocidios perpetrados por las dictaduras militares, no solo desaparecieron, sino que se iniciaron procesos penales que, en casos como Argentina, aún siguen, para condenar como en Núremberg a los autores físicos e intelectuales de tan horrendos crímenes. Más aún, esto sirvió de antecedente para que el derecho internacional tuviera logros inauditos hasta hace poco, como el de que se considere que los crímenes contra la humanidad no prescriban en el tiempo, ni a límites territoriales. Con ello, la humanidad se convierte en sujeto de la justicia más allá de limitaciones locales o interpretaciones abusivas de la “soberanía nacional”.
Ciertamente hay mucho camino aún que recorrer.
Es por eso que los intentos por hacer retroceder los avances democráticos en la región son hoy violatorios de las libertades públicas más elementales y absolutamente obsoletos. Me refiero al golpe de Estado perpetrado en Honduras y al intento de destruir el orden constitucional en Ecuador por parte de policías azuzados por políticos ligados a poderosos intereses. Dichosamente en este caso, la ejemplar valentía del presidente Correa, el apoyo inmediato del pueblo organizado y de la opinión pública mundial especialmente de los gobiernos y los organismos regionales, logró no solo sacar con vida al Presidente amenazado de muerte y objeto de vejaciones físicas y verbales, sino que su imagen se vea fortalecida interna e internacionalmente.
Es de esperar que esta fulminante reacción de la conciencia democrática local y mundial sirva de lección para quienes siguen añorando los infames tiempos de los golpes de Estado.
Por lo que se refiere a nuestro vecino Honduras, la oligarquía no contaba con la heroica resistencia de ese empobrecido pueblo. La resistencia organizada y las luchas en las calles han permitido recolectar más de 1 millón de firmas pidiendo la convocatoria a una constituyente que establezca un régimen realmente democrático. El clamor es tal que el propio gobierno golpista se ha visto obligado a llamar a sectores de la resistencia a dialogar. Y es que el propio Porfirio Lobo se ha visto amenazado de darle la misma receta golpista que le aplicaron al presidente constitucional Zelaya.
De nuevo, en este caso, la presión internacional apoyando a los sectores auténticamente democráticos dentro del país, pueden jugar un papel decisivo para lograr que Honduras no sea más la mosca en la sopa en la mesa democrática a que, por fin, tienen acceso los otros países de la región.

Arnoldo Mora