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Viernes, 14 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Los pobres claman por un empleo

| Sábado 21 noviembre, 2009




Habrá que encontrar la forma de que los programas sociales puedan continuar y hacer lo que no se hizo: aumentar las fuentes de trabajo sostenible
Los pobres claman por un empleo

Al haber encontrado un país con las arcas llenas, la presente administración pudo implementar programas de corte social que mitigaron en alguna medida el crecimiento de la pobreza que habría sido diez puntos más alta de no ser por esas medidas. Una decisión acertada que el país aplaudió porque la crisis económica se venía encima y eran los pobres los que más la sufrirían.
En Costa Rica hay 935 mil personas pobres, es decir, un 18% de la población y un 4,2% está en condición de extrema pobreza, según nota del viernes anterior en este medio, basada en informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el cual indica que 9 millones de personas caerían en la pobreza este año y que habrá 76 millones de indigentes en la citada región.
Esta es una realidad que obliga a pensar (y suponemos que los partidos políticos que buscan llegar al poder dentro de tres meses lo han hecho) porque significa que habrá que encontrar la forma de que los programas sociales mencionados puedan continuar, aunque ya no tengamos las arcas llenas y pasar a lo que no se hizo: aumentar fuentes de trabajo sostenibles.
Es fundamental que el impulso que se dé para el crecimiento de la economía sea en el marco de un proyecto país, que tanta falta hace para que no sea crecer en forma caótica, por ocurrencias o siguiendo mandatos originados en intereses mezquinos, sino respondiendo a un plan nacional que beneficie a todos y que se implemente de forma sostenible.
La crisis debe dejarnos una enseñanza que, entre otras cosas nos lleve a implementar un modelo de desarrollo que disminuya la pobreza. Es decir un modelo con mejor distribución de la riqueza generada. El país cuenta ya con una estructura que permite alcanzar esta meta y dar un nuevo impulso a Costa Rica que, en este sentido siempre se diferenció de otros vecinos de la región, acercándose hoy más a otros como Chile y Uruguay.
Permitir que continúe ensanchándose la brecha entre ricos y pobres es dar un paso atrás en nuestros logros como país. Es echar por la borda lo que tanto esfuerzo costó construir a las generaciones anteriores y es, en muchos casos, contribuir a una fuente de generación de violencia.
En hogares sin pobreza se puede dedicar esfuerzo a sembrar las semillas de la honestidad, del amor al estudio y al trabajo y retomar la ética necesaria en todos los ámbitos de la sociedad para crecer sanamente.