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Una generación completa, de entre 18 y 30 años, ha salido a las calles y se ha convertido en un ejército con voz en Facebook y Twitter

Los jóvenes están rabiosos

Primero fueron los ingleses, luego los portugueses, después los franceses y ahora los españoles. Son a los que Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, llamó “generación perdida”. Son jóvenes y están furiosos con el sistema que no les da oportunidades laborales.
Una generación completa, de entre 18 y 30 años, ha salido a las calles y se ha convertido en un ejército con voz en Facebook y Twitter. Se niegan a pagar las consecuencias de la crisis.
En Inglaterra, protestaron por el incremento de las tasas universitarias. En Francia, van contra la reforma del sistema de pensiones. En Portugal, miles salieron a la calle bajo el lema de “La generación desesperada”, y a principios de mes, la marcha de la “Juventud sin Futuro” en Madrid terminó en enfrentamientos con la policía. El lema: “Sin curro, sin casa, sin pensión, juventud sin miedo recuperando nuestro futuro”.
Tienen títulos, pero no encuentran trabajo. De alguna manera, los componentes del mercado laboral (oferta de trabajo y demanda por plazas) deben adaptarse para acercarse al equilibrio, ya sea que se creen oportunidades para los jóvenes o que estos últimos se adapten a un nuevo escenario. Compleja situación.
Mientras el desempleo en Europa llegó al 10%, el más alto en los últimos diez años, las políticas de recorte de gastos vienen con reducciones de plazas nuevas en el sector público. Sin embargo, debe de ser una prioridad que al menos se mantengan los empleos actuales para no empeorar la situación de la región.
Lo que Europa podría considerar es un replanteamiento ético de los empresarios hacia la creación de un modelo laboral sostenible, que establezca guías de encadenamiento con la educación secundaria y superior para que los futuros profesionales estén al tanto de las necesidades reales del mercado.
Países con públicos altamente atendidos en bienes y servicios y con un limitado espacio para la innovación en términos de consumo, exigen una redirección en la creación de oportunidades en áreas como el desarrollo sostenible, energías limpias y proyectos ecoamigables.
La generación de empleos de calidad para los jóvenes detendrá una posible fuga de talentos, que significa una salida de recursos que ya han sido invertidos en la preparación de empleados y que de no ser aprovechados se transformarían en pérdidas.
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