Enviar

Aparentemente desconocedores del sufrimiento y hambre de sus compatriotas, los líderes hondureños dilatan la llegada de una solución a la crisis al encerrarse en sus posiciones

Los hondureños necesitan solución urgente

Informaciones contradictorias salen del hotel donde se hospedan las comisiones negociadoras de Manuel Zelaya, presidente depuesto de Honduras, y Roberto Micheletti, gobernante de facto del país centroamericano.
La crisis detonada con el golpe de Estado y la permanencia como huésped de Zelaya en la embajada brasileña en Tegucigalpa parecían ayer estar cerca del final. Pero después de informes que sumieron a la comunidad internacional en la confusión, resulta que el acuerdo sigue esquivando a los negociadores.
La situación parece casi sacada de una novela. Un país con dos presidentes aferrándose al poder, uno atrincherado desde hace semanas en la embajada brasileña con las ventanas forradas en papel aluminio para su protección.
La realidad puede llegar a parecer salida de una comedia de no ser por la trágica situación del pueblo hondureño, históricamente castigado con la pobreza y la ausencia de oportunidades.
La crisis económica mundial golpea con fuerza a la nación centroamericana, altamente dependiente de sus exportaciones a Estados Unidos.
A estas dificultades se suma ahora la parálisis que provocan la incertidumbre política, las protestas diarias de partidarios de Zelaya y Micheletti, y los toques de queda.
Además la convulsión política ha ocasionado el aislamiento con la comunidad internacional, situación especialmente delicada para una economía altamente dependiente de la ayuda financiera de las países desarrollados. Muchas naciones han congelado su ayuda para poder aislar el gobierno de facto. Estados Unidos suspendió unos $40 millones en asistencia no humanitaria mientras que el Fondo Monetario Internacional canceló el acceso a sus préstamos.
Todos estos elementos conspiran para hacer la vida mucho más difícil para los hondureños pobres, que son la grandísima mayoría de la población. Aproximadamente el 70% vive por debajo de la línea de pobreza y poco menos de 8 millones sobreviven ganando un $1 o menos al día.
Pero aparentemente desconocedores del sufrimiento y hambre de sus compatriotas, los líderes hondureños dilatan la llegada de una solución a la crisis al encerrarse en sus posiciones.
Es vital una mayor flexibilidad de las partes para el retorno a la normalidad en Honduras, antes de que las condiciones de vida se deterioren todavía más.
Ver comentarios