Los equipos resilientes
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Los equipos resilientes

¿Jugó usted en su niñez con un “porfiado,” aquella figura plástica a la que solíamos golpear para doblegarla y verle luego regresar a su posición original? A ese retorno se le llama resiliencia, término que significa: saltar hacia atrás, rebotar, regresar. ¿Pertenece usted a un equipo resiliente?
Hay metales que al ser sometidos a presión se doblan pero recuperan su forma, comunidades ecológicas que sufren embates, pero poco a poco recobran su equilibrio, y personas persistentes que superan el dolor y las adversidades.
¿Qué tienen en común los seres humanos que no solo salen airosos de los trances difíciles sino fortalecidos y transformados positivamente? Los psicólogos coinciden al señalar que los resilientes tienen alta autoestima, independencia, disciplina hacia el trabajo y proactividad para enfrentar desafíos, tomar decisiones y resolver problemas. Su inteligencia emocional les facilita ser respetuosos, empáticos, establecer sanas relaciones interpersonales y crear redes de apoyo sin perder autonomía.
Con su elevada responsabilidad y compromiso doblegan las dudas, no son fatalistas ante las desdichas y se levantan rápido cuando caen. Incluso, exhiben un buen humor a pesar de los momentos difíciles. Con su inusitada creatividad son flexibles para cambiar estrategias y alcanzar sus metas.
Entre más resilientes haya en un equipo, la identidad colectiva será caracterizada por la unión, un autoconcepto ganador y un sentimiento de que todo saldrá bien, debido a la fortaleza mental de sus militantes.
Aunado a las cualidades individuales, un ambiente interno positivo hace que los miembros de un equipo se sientan aceptados, apoyados y valorados. Ellos reaccionan con mesura ante él éxito y no se desaniman en crisis temporales. Son equipos inspirados en la confianza en sí mismos, imaginativos y con “espíritu porfiado”.
Los resilientes saben que los resultados podrían o no llegar, pero mientras tanto se concentran en ser constantes. Aristóteles decía que se quiere más lo que se ha conquistado con más fatiga; y Gandhi lo complementa: “La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha, y no en la victoria misma. Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.
La resiliencia tiene un impacto aún más valioso cuando, como diría Nietzsche, no es la fuerza sino los altos valores los que guían a los seres humanos superiores.

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