Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 20 Noviembre, 2013

Sería bueno que además de anuncios y vallas, los electores tuviéramos propuestas de verdad para escoger


Hablando Claro

Los electores de hoy

Una mujer con un liderazgo incontrovertible, diríase que casi único en América Latina, la señora Michelle Bachelet, no logró el domingo alcanzar la meta pronosticada de alzarse con la Presidencia chilena en primera vuelta y deberá ir de nuevo a comicios el 15 de diciembre, enfrentándose a la derechista Evelyn Matthei del partido en el gobierno.
Si bien es cierto que todo hace prever que ganará (holgadamente) la designación, lo sucedido en Chile es sumamente revelador de los nuevos tiempos que corren en nuestras democracias respecto específicamente del comportamiento impredecible de los electores.
Michelle Bachelet fue Presidenta entre 2006-2010. Terminó el mandato con un índice de aprobación del 83%. Meteórico. Se fue de Comisionada a Naciones Unidas (Nueva York) y regresó a Chile meses atrás con su capital político.
Las encuestas decían que tenía entre el 54% y el 57% de intención de voto. Más que suficiente para alzarse con la victoria en primera ronda en un sistema electoral diseñado para otros tiempos, pues exige el 50% más uno para ganar.
En tanto, la aspirante del ultraconservador partido Unión Demócrata Independiente Evelyn Matthei llegó al proceso como aspirante emergente en sustitución del candidato que había ganado y que debió renunciar por razones de salud. Carga por supuesto con el enorme desgaste no solo de su pasado como hija de un coronel de la dictadura, sino con el profundo deterioro de la gestión de Sebastián Piñera. Ella tenía, según las encuestas, entre el 14% y el 17% de intención de voto. Realizada la elección el domingo Bachelet apenas llegó al 46,68% de los votos y Matthei superó las expectativas al alcanzar el 25%.
Antes que acudir al expediente simplón de culpar a las encuestadoras por sus radiografías, sería mejor entender de una vez por todas que el comportamiento de una porción nada despreciable de los electores resulta impredecible y que no hay escenarios totalmente predefinidos en épocas de alta volatilidad.
Otra consideración importante en el caso de Chile es el alto porcentaje de abstencionismo en la elección. Habiendo varios partidos en lista en todo el espectro ideológico y alta deliberación política, hubo 44% de ausentismo; lo cual es muy revelador para una democracia que tiene menos de cuatro décadas de haber logrado el retorno a las urnas y que esta vez iba al proceso con voto voluntario; pues antes era obligatorio.
Por supuesto, más allá de la aritmética electoral hay muchas consideraciones versadas sobre por qué Michelle Bachelet no pudo ganar en primera ronda y ciertamente sus propuestas atrevidas y revolucionarias están en el eje de la cuestión. Lo cierto es que ahora los chilenos tendrán que decidir entre dos propuestas diametralmente contrarias.
Una sola lección para nuestra desnutrida campaña política local (especialmente para el partido de gobierno que puntúa en las encuestas) es que no hay nada definido hasta el 2 de febrero. Y por supuesto que sería bueno que además de anuncios y vallas, los electores tuviéramos propuestas de verdad para escoger.