Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 7 Diciembre, 2015

Esta elección siempre que sea equitativa y cualquiera que sea su resultado, debería ser el inicio de un periodo de diálogo y negociación entre el gobierno y la oposición

Disyuntivas

Los demócratas ante las elecciones en Venezuela

En América, al igual que en Europa, la democracia es un derecho humano protegido por el sistema regional internacional de derechos humanos. Para ello —con liderato decidido de nuestro gobierno en ambos casos— se incluyó en el proceso de las Cumbres Interamericanas la cláusula democrática en su reunión de Ciudad Quebec en 2001 y poco después se acordó por la OEA —en Lima el 11 de setiembre de ese mismo año— la Carta Democrática Interamericana.
Con esos instrumentos y la Convención Interamericana de los Derechos Humanos (Pacto de San José) los países aceptaron —además de su compromiso con la democracia— el derecho de nuestro sistema de la OEA a promoverla y protegerla, y en los estados sujetos al sistema interamericano de los derechos humanos, el derecho de los ciudadanos de demandar la vigencia de la democracia ante la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos.
Costa Rica ha sido un celoso propulsor de la protección hemisférica de los derechos humanos que se remonta incluso a 1923, cuando en la Conferencia Panamericana de Santiago don Alejandro Aguilar propuso el establecimiento de una Corte Interamericana de Justicia para las Américas.
Frente a las elecciones parlamentarias que se efectúan el 6 de diciembre en Venezuela tanto el Sr. Presidente Luis Guillermo Solís como el Sr. Ministro de RR.EE. Manuel González no han escatimado esfuerzos y el nuestro ha sido de los pocos gobiernos que clamaron por una observación eficiente de la OEA en ese proceso.
Mérito similar merece el nuevo Secretario General de la OEA, Sr. Luis Almagro, por la claridad y contundencia de su solicitud para esa observación, y por la detallada denuncia de las actuaciones contrarias a la equidad electoral que se han dado en las etapas previas al sufragio, y que solo han afectado a los partidos de oposición.
Escribo este comentario —que se publicará al día siguiente de las elecciones— cuando me preparo para salir hacia Venezuela como integrante de una misión presidencial de acompañamiento a esos comicios.
Parto de Costa Rica con el honor de acompañar a doña Laura Chinchilla y en Bogotá nos uniremos a la expresidenta Mireya Moscoso de Panamá y a los expresidentes Luis Alberto Lacalle de Uruguay, Andrés Pastrana de Colombia y Jorge Quiroga de Bolivia.
Las encuestas dan amplia ventaja a la oposición, pero los resultados que cuentan son los que se producen en las urnas el día de la elección.
Los demócratas del mundo entero, pero en especial los de América Latina ciframos grandes esperanzas en que el día de las elecciones transcurra en paz, las autoridades sean equitativas y el conteo sea justo.
Esta elección, siempre que sea equitativa y cualquiera que sea su resultado, debería ser el inicio de un periodo de diálogo y negociación entre el gobierno y la oposición, durante el cual se respeten la independencia del poder judicial y los derechos humanos de todos, en especial la vida, la libertad y los derechos políticos de los opositores.
Así podría el querido pueblo venezolano marchar hacia la recuperación de su paz, su armonía y su bienestar.

Miguel Ángel Rodríguez