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Viernes 25 Noviembre, 2011

Los cortesanos ticos

Noviembre es anticipo de fin de año. Otros aires vienen colados con cambios de estación; el invierno que todavía se aferra; el verano apenas insinuándose. Cambios de temperaturas en un mismo día; el sol mañanero alumbrando casi sin nubes se troca en la desconsoladora noche fría de pertinaz lluvia.
Es la espera que nos lleva al momento de las reflexiones; dentro de ellas, volver a unos viejos libros. Desandar el camino y reencontrar emociones, alegrías y tristezas guardadas en folios ya amarillos por el tiempo.

Heme buceando en esos libros lo que hoy representan y no representaron entonces; cosas nuevas, imprevistas surgen de su lectura. Escojo el Quijote por la universalidad y validez en nuestro idioma. Sí, el Quijote ha rebasado con mucho a cualquier libro español. Caballero de Triste Figura al que decían loco estaba más cuerdo que muchos; figura desgarbada que enfrenta los avatares del mundo desfaciendo entuertos para encontrar la justicia; huella de pertinaz esfuerzo sin dobleces. Su fiel Sancho Panza que aporta la sapiencia del pueblo llano.
Con intención abro el libro al azar. Recreo una escena importante: Don Quijote se apresta a la tercera salida. Allí el diálogo con su sobrina empeñada para que abandone su propósito. ¿Dónde está la verdad que ya le habían expresado el cura, el barbero, el bachiller y que retoca la sobrina preferida, o en las razones del hidalgo para emprender esa nueva jornada?
Aquel coloquio entre tío y sobrina anduvo sobre hidalgos, caballeros cortesanos y caballeros andantes. Reflejo de virtudes y descalabros. “No todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ser caballeros andantes…”. Así en la vida de los pueblos, algunos parten en misión redentora para crear otras instituciones que alberguen más justicia, hoy son los heraldos del cambio social, y los otros, adquiridos esos nuevos espacios, se nutren como cortesanos aplicados aconsejando o mal aconsejando cuando no restringiendo o sepultando aquellas.
Porque los cortesanos, sin salir de los umbrales de sus aposentos, se pasean por todo el mundo sin padecer calor, frío, hambre o sed, mientras los caballeros andantes al sol, al aire, al frío, a las inclemencias del cielo, miden toda la tierra con sus propios pies, aceptando todos los desafíos de sus enemigos, sean francos o encubiertos con engaños y mentiras.
No flaquean ante gigantes de piernas como dos grandísimas torres ni brazos que semejan árboles y cada ojo como una gran rueda de molino, antes bien, los han de acometer y vencerlos aunque estuvieran armados de conchas diamantinas; son los intereses de las grandes oligarquías civiles o militares que enfrentan con decisión.
Por ese motivo estos reformadores son recordados por siempre, y sus detractores o los cortesanos destructores, pasan al olvido.
Así salieron de nueva cuenta a recorrer otros mundos don Quijote y Sancho. Dejaron la huella imborrable en sus andanzas, y en lo que nos toca, vemos ahora a los cortesanos ticos, haciendo festín de lo que ha sido en Costa Rica la lucha por la justicia social, destruyendo instituciones y mermando ingresos a los servicios públicos.

Rogelio Ramos Valverde