Los buenos efectos de un té
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Los buenos efectos de un té

El té es una de las tres bebidas exóticas puestas de moda en la Europa del siglo XVII: de Africa llegó el café; de América, el chocolate; y de Asia, el té.
Té blanco... No se trata de ninguna variedad especial, sino que es la misma que da origen al té verde, la planta conocida como Camelia sinensis. Lo que pasa es que el té blanco procede de hojas jóvenes que desarrollan menos clorofila y, lo que es más importante, apenas sufren oxidación ni fermentación. Es un té muy aromático, perfecto para tomarse un té al modo británico.

Hecho, eso sí, como mandan los cánones. Hoy todo el mundo toma té de bolsita, de escapulario. Nada de bolsitas, pues: hojas de té. Y tetera de porcelana, que para eso están.
Pondrá en esa tetera un poco de agua caliente, para que tome temperatura. Logrado esto, se tirará el agua. Pondrá, en la tetera caliente y húmeda, una cucharadita rasa de té por cada taza que se vaya a servir, y se dejan las hojas allí, esponjándose, mientras hierven agua, quizá en ese instrumento que pita cuando el agua está hirviendo.
Echará el agua sobre el té, en cantidad suficiente, y espere a que el té se haga y repose antes de servirlo. Una vez servido, las hojas de la tetera deben tirarse: no vale aprovecharlas para una segunda vuelta.
De sólidos... Bueno, hoy tocó acompañamiento dulce. Los ingleses combinan bocados dulces y salados, sandwiches que combinan pepino y salmón ahumado o pepino y anchoas en aceite.
De los dulces, hemos descartado la bollería, incluso los clásicos “scones” (panecillos), pero nos hemos mantenido muy británicos: unas galletas de jengibre (ginger nuts) y una tostada untada con mermelada de naranja amarga del más puro estilo de Dundee.
Porque parece que fue allí, en el bonito puerto escocés, donde nació, a finales del siglo XVIII, esa mermelada, seguramente la más famosa del planeta. Cuentan que se le ocurrió a la madre de un atribulado tendero que se había hecho con una gran cantidad de naranjas de Sevilla, agrias, y no fue capaz de colocárselas a sus paisanos.
Van a tener razón quienes dicen que el té tonifica y anima los espíritus, o sea: los ingleses, of course.

Madrid / EFE

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