Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 21 Diciembre, 2011


Los bancos y la participación política


Los que hemos querido abrir una cuenta recientemente hemos descubierto que hay varias preguntas que hacen los bancos sobre la participación política del que solicita el servicio. Quieren saber si el posible cliente ha participado en la política en algún momento de su vida, si tiene intención de hacerlo y si hay alguien actualmente ocupando un puesto con quien tiene relación hasta el segundo grado de consanguinidad.
La ejecutiva que me entrevistó me confesó que realmente no quiere la institución que ella representa tener clientes nuevos con este tipo de afiliación, y cuando solicita el servicio alguien inmerso en la política, tratan de disuadirlo con trámites y otros mecanismos informales. Nunca dicen que no, pero es muy difícil que le abran la cuenta.
Entiendo que esta práctica de convertir a los políticos en parias no es algo que los bancos quieran o iniciaron, sino que son reglamentos internacionales que la han exigido.
La verdad es que estos reglamentos corren en contra de lo que es el fortalecimiento del proceso democrático. Cada vez son menos los más talentosos que quieren hacer un sacrificio y por un tiempo dejar sus bufetes, empresas, clínicas o carreras para servir a su país; esto de los bancos es solo un factor más que convence a los que pudieran ofrecerse a huir de la política o de un nombramiento como ministro u otro cargo de la administración pública.
Ya hay muchos factores que sirven para disuadir a un ciudadano de aceptar un cargo público. Tiene este que presentar una lista exhaustiva de todas sus pertenencias que incluye el número de zapatos, calzones, camisas o blusas que tiene, y sus marcas. Si ha logrado éxito en el ejercicio privado de una profesión es posible que tenga que aceptar una rebaja en sus ingresos; después que vuelve a la vida privada puede ser que descubra que algunos clientes ya pasaron a otro proveedor y que no quieren regresar. Es posible que sea sometido a investigaciones periodísticas sobre su gestión pública, y peor aún, puede ser que algún evento fuera de su control y que ocurriera mientras que se desempeñaba en el cargo se conviertea en una causa judicial en su contra. Esto de los bancos es apenas un elemento más que sirva para limitar el interés en participar en el servicio público de personas talentosas en su vida “privada.”
Sin menospreciar a los que actualmente sirven en puestos públicos, algunos de ellos sin duda de mucho talento y dedicando su tiempo con gran sacrificio, pareciera que ahora hay un grupo de personas que trabajan “tiempo completo” en la política. En un gobierno aparecen como vice ministros, en otro como diputados, después les nombran en embajadas, y luego aparecen como “asesores” en la Asamblea Legislativa. ¿Es este tipo de persona lo que se necesita para el gobierno que es supuestamente representativo del pueblo? No lo creo, y esta nueva restricción de los bancos hay que eliminarla para que más “no profesionales” estén dispuestos a servir.

Carlos Denton
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