Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 24 Noviembre, 2010


Los aguinaldos y el déficit fiscal


La semana pasada la Caja de Seguro Social anunció que pagaría los aguinaldos de sus funcionarios con fondos del Régimen de Pensiones de todos los costarricenses. Este anuncio recibió cierta cobertura en los medios, pero nadie se inmutó, no hubo reacción de susto en la Asamblea Legislativa, ni en las reuniones de los gremios. Es normal, ahora, que las instituciones del Estado no tengan dinero y que agarren de donde puedan para cubrir sus obligaciones. ¿Y qué pasará con los crecientes números de trabajadores que son elegibles para recibir su pensión? Bueno, ¡eso se verá después!
Es probable que la Caja no tuviera los fondos para pagar esos aguinaldos porque, como siempre, el Gobierno central no está al día con sus obligaciones. Hay empresas privadas que están morosas, pero el “mala paga” gigante es el Gobierno. Es posible que en parte el Gobierno no pueda pagar a la Caja porque debe girar los aguinaldos de los empleados estatales y entre las dos obligaciones optó por la segunda. Después, como siempre, entrará en una negociación con la Caja y mandará bonos de 20 años al 1%, para cubrir sus obligaciones.
Esta danza de papeles entre las instituciones, el hecho de que en 2010 el Estado cubrió el presupuesto ordinario con bonos, y el déficit fiscal general del 4,6% aparentemente no asustan a los líderes del país; después de todo es lo normal ahora.
Entre los que siguen las noticias internacionales algunos se dan cuenta de las crisis de los gobiernos de lugares tan diversos como Grecia, Portugal, España, Francia, Cuba, Irlanda, Inglaterra y California que ya no pudieron estirar la cobija más, y que están recortando servicios, despidiendo empleados públicos, rebajando salarios no obstante la existencia de regímenes de servicio civil y aumentando la edad en que un trabajador se puede pensionar; aparentemente a los que saben de estas situaciones internacionales no se les ocurre que pudiera pasar lo mismo en Costa Rica.
Es casi unánime que el pueblo quiere que su gobierno haga más en áreas como infraestructura, educación, salud y seguridad ciudadana. Pero con igual unanimidad nadie quiere pagar más impuestos, y lo más interesante es que pocos perciben una inconsistencia entre las dos posiciones.
La filosofía de los que han dirigido los últimos gobiernos, con excepción de la administración de Abel Pacheco, pareciera la de “patear la lata pa'lante”. En el caso de Pacheco, que dedicó tres años de su gestión a una lucha para obtener reforma fiscal general, al fin no lo logró. La verdad es que no hay ambiente político para lograr una reforma fiscal, y quizás no lo habrá hasta que el gobierno termine como los otros citados en una posición inmanejable y se vea forzado a ir, sombrero en mano, a pedir ayuda internacional; los “buenos samaritanos” impondrán la reforma.
Habrá que ver a donde se podrá dirigir para buscar ayuda; Estados Unidos, que rescató al país en los años 80, según expertos como Alan Greenspan está a punto de enfrentar una crisis en su deuda soberana. Es dudoso que puedan ayudar. ¿Quién entonces? ¿Será por eso nuestra relación nueva con China?
Mientras tanto, los aguinaldos estarán en la calle en unos 15 días y el festín de los gastos comenzará. Si se desembolsan estos dineros en lugares que dan factura, el gobierno podrá recuperar el 13% de lo gastado. ¡Algo es algo!

Carlos Denton
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