Carlos Denton

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Miércoles 26 Marzo, 2008

Los ticos se defienden

Carlos Denton

Primero reforzaron las puertas de sus casas. Luego pusieron verjas. Después levantaron tapias, y cuando estas no surtieron efecto, les colocaron encima alambre navaja. Algunos electrificaron los perímetros de sus propiedades, mientras que otros compraron perros rotweiller. Todavía avanzaba el hampa, y los costarricenses instalaron alarmas, contrataron guardas y, si tenían suficientes recursos, pasaron a vivir en comunidades con acceso limitado y donde circulan patrullas motorizadas de hombres y mujeres armadas.
No obstante estas medidas, los criminales siguieron sus ataques, y algunos ahora pasaron al robo armado de quienes circulan en automóviles, taxis, autobuses y camiones repartidores. Asaltan a los turistas en los volcanes y las playas, a los agricultores y ganaderos en sus fincas, a los comerciantes en sus tiendas y a los empresarios en sus lugares de trabajo. Ya hay barrios donde la autoridad solo entra a cualquier hora del día si tiene números suficientes para poder protegerse. No hay ningún lado del país donde se puede circular de noche a pie o motorizado sin preocupación.
Como respuesta a esta situación, un grupo creciente de habitantes se arman para protegerse —se estima que puede haber 250 mil armas en manos privadas en el país, la mitad registrada con la autoridad. Cada vez con más frecuencia se leen noticias de balaceras en las calles o en los barrios, donde los ciudadanos se defienden contra ataques de los cacos. Todo esto ocurre en el “jardín de la paz” de Centroamérica —Costa Rica.
Ahora la autoridad pretende controlar y desarmar a los ciudadanos, haciendo más difícil la adquisición de revólveres y fusiles de distintos calibres. El control de armas formará parte de una legislación diseñada para dotar a la autoridad de una mayor capacidad de controlar la violencia y el terror en todos los rincones del país.
Es dudoso que los habitantes que poseen armas las entreguen, si no logra el gobierno mermar significativamente la ola de crimen que azota al país. “Si se les prohíbe a los ciudadanos honestos portar armas, solo los criminales tendrán”, es un dicho que circula en otras naciones que tienen problemas similares al costarricense. Quitarles las armas a los ciudadanos que las adquirieron para defenderse, más bien es el último paso de un proceso que tiene que comenzar con una represión significativa de la actividad criminal.
No hay duda que tener un arma en una casa es un gran peligro. Un niño podría encontrarla y comenzar a jugar con ella. Si uno u otro familiar consume alcohol, una riña podría terminar en tragedia de gran envergadura, cuando alguno deje de pensar racionalmente y la use. Las estadísticas demuestran que hay más probabilidad de que un arma en una casa se dispare contra uno de sus residentes que contra un criminal que logra penetrarla para robar.
Ya los habitantes se están desesperando frente al problema de seguridad que enfrentan. El crimen y la violencia son vistos, según las encuestas de la CID/Gallup, como uno de los principales desafíos nacionales, y en uno de cada cinco hogares vive alguien que ha sido víctima en los últimos 120 días. Si la autoridad no logra cumplir con su deber en este campo, cada vez más la gente buscará maneras de defenderse y una de estas es comprando un arma.
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