Juan Manuel Villasuso

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Martes 8 Abril, 2008

Dialéctica
Los siete pecados sociales

Juan Manuel Villasuso
A finales del siglo VI el papa Gregorio I, venerado como San Gregorio y llamado Magno, enumeró los pecados capitales que posteriormente retomó Santo Tomás y han prevalecido hasta nuestros días: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.
Sin embargo, estos pecados históricos parece que “no alcanzan para condenar los sucesos de la vida moderna”, según dijo hace unos días en el diario oficial del Vaticano L’Osservatore Romano Gianfranco Girotti, obispo regente de la Penitenciaría Apostólica.
Por esa razón, monseñor Girotti anunció una nueva lista en la que se agregan los “pecados sociales”, que incluyen: realizar manipulaciones genéticas, llevar a cabo experimentos sobre seres humanos, contaminar el medio ambiente, provocar injusticia social, ser causa de pobreza, enriquecerse hasta límites obscenos a expensas del bien común, y consumir drogas.
“Uno no ofende a Dios solo al robar, blasfemar, o desear la mujer del prójimo. También lo hace cuando daña el medio ambiente, participa en experimentos científicos dudosos y de manipulación genética; cuando acumula excesivas riquezas, consume o trafica drogas; y cuando ocasiona pobreza, injusticia y desigualdad social”, expresó el Obispo.
Todos estos pecados se relacionan entre sí y tienen algo en común: responden a la lógica del mercado, es decir, a la búsqueda constante del máximo beneficio y la máxima satisfacción. Girotti enfatiza que las injusticias sociales y económicas constituyen un terreno abonado para los nuevos pecados sociales.
Para determinar qué es pecado existe un referente: la violación de la alianza con Dios y con el prójimo. Si en el pasado el pecado tenía una dimensión eminentemente individual, hoy tiene una resonancia sobre todo social a causa del fenómeno de la globalización.
Aunque todo pecado es personal, porque es un acto de libertad de un individuo en particular, y no propiamente de un grupo o comunidad, es al mismo tiempo social en virtud de una solidaridad humana real y concreta.
Algunos pecados constituyen una agresión directa al prójimo. Esos pecados se califican como pecados sociales. Así, se considera como social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. Es social todo pecado contra el bien común y contra sus exigencias, en toda la amplia esfera de los derechos y deberes de los ciudadanos.
Es muy significativo que la Iglesia católica haya expandido el concepto de pecado para abarcar actos que no son directamente aplicables a la persona, sino que se refieren a su contexto social. Mantener o dar apoyo a injusticias que son causa de discriminaciones inaceptables y de pobreza extrema, se considera contrario a la ley divina.
Seres humanos de vida personal irreprochable pueden ser responsables de esos pecados sociales por mantener una relación con su entorno motivada únicamente por el deseo de maximizar el beneficio y el disfrute propio.
Frente a los pecados capitales definidos por Gregorio I y por Santo Tomás se levantan las virtudes cardinales necesarias para vencerlos: la soberbia con humildad, la avaricia con generosidad, la lujuria con castidad, la ira con paciencia, la gula con templanza, la envidia con caridad y la pereza con diligencia.
Es por ello que ante la formulación de estos siete pecados sociales surgen dos interrogantes: ¿quiénes van a confesar los nuevos pecados?, y ¿cuáles son las virtudes sociales requeridas para combatirlos?