Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 7 Marzo, 2018

Los problemas verdaderos

El viernes un humilde panadero de Esparza, Diego Murillo, fue matado por un par de menores para robarle el dinero que había cobrado haciendo su ruta de entregas. Este homicidio, como muchos de los más de 600 que ocurren anualmente, no tiene nada que ver con el crimen organizado; se presenta aquí como símbolo de la maldad que azota a Costa Rica y que no ha podido controlar la autoridad. Como dice el titular de un medio nacional: “Pistoleros desangran al país.”

Los datos oficiales reportan 40 asaltos diarios. Se quedan cortos porque son los “denunciados”. Cinco veces más hay que no se reportan a la autoridad; dicen los habitantes: “para qué denunciar, por sí, no hacen nada”.

El gobierno está operando con un déficit equivalente al 7% del Producto Interno Bruto (PIB) y pide aumento en los impuestos, sin recortar de forma seria los gastos. Sin importar el monto del incremento que es seguro tendrán que pagar los ciudadanos, IVA de 13, 14, 15, 16; renta, más impuestos a los automóviles, con la cantidad de “botellas” en las instituciones, combinado con pluses en los salarios y otros compromisos de pagos, dentro de tres a cinco años de nuevo estará el gobierno en crisis y necesitando otro paquete de impuestos. La estructura gubernamental no es sostenible y hay que recortar, creando desgracias para familias, y probablemente provocando mucho desorden callejero.



Varios políticos y exfuncionarios aparentemente se han convertido en asaltabancos y se destapa a diario todo tipo de malversación, desfalco, y robo descarado. En especial hay maldad en los estatales, poniendo en peligro su futuro. Los préstamos chatarra, los negocios malos, y las reliquias empresariales a manos de figuras políticas de gobiernos pasados y presentes aparecen en estos bancos, en un entonces tildados de “conquistas del pueblo”.

Dentro de este contexto oscuro, se lleva a cabo una campaña electoral presidencial donde los temas que se discuten son “los derechos humanos”, la educación sexual, la separación de Iglesia y Estado, y otros temas esotéricos. Nerón tocando el violín mientras Roma se quemaba es el ejemplo histórico que aparentemente se sigue; mientras que la familia de Diego Murillo llora su muerte, la clase política se enfrasca en chismes sobre la relación entre directores de medios y candidatos. Mientras que el Ministro de Hacienda desesperadamente busca donde pedir prestado para poder pagar los salarios del sector público en abril, una universidad estatal usa recursos públicos para inventar una encuesta. Otro ministro hace un sexto viaje a Dubái, país que no va a aportar una solución a los problemas financieros nacionales.

El costarricense, con excepción de los líderes sindicales del sector público, se caracteriza por evitar las confrontaciones. Hasta que es forzado a ver las realidades tan tristes, busca esquivar lo penoso y feo. ¿Cuántas muertes, cuántos desfalcos, cuánta incompetencia en el manejo de la gestión pública, hasta que de repente grita “ya basta?”

Mientras tanto nos toca seguir esta campaña que no está acorde con la realidad nacional.

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