Enviar
Martes 26 Mayo, 2009

Con el lector
Los encajes del Central

La negativa del Banco Central a bajar los encajes y no ceder a otras presiones ha puesto nuevamente sobre el tapete la polémica que plantea cuáles son las actividades gubernamentales que deberían depender directamente del electorado y sus representantes y en qué áreas debería ser restringida la actuación directa de las fuerzas políticas.
La pregunta sobre el grado de autonomía del Banco Central está en el centro de estas cuestiones básicas relativas a la configuración de estas instituciones en una sociedad democrática.
Casi siempre se encuentran bajo presión política y económica para resaltar ciertos objetivos, en detrimento de otros, en la formulación y conducción de la política monetaria. La capacidad del banco central para conciliar esa presión puede depender enormemente de su independencia institucional.
Se suele argumentar que los bancos centrales más independientes guardan relación con las políticas menos inflacionarias. Hoy la crítica proviene de quienes no consideran que la independencia institucional sea una virtud, como de nuestro buen amigo Miguel Agüero de La Machaca.
Tradicionalmente un banco central tiene varias funciones, como prestamista de última instancia para las instituciones financieras en casos de urgencia y como regulador y supervisor del sistema financiero. Sin embargo, como principal dependencia pública encargada de aplicar la política monetaria de un país, el banco puede enfrentarse a numerosos objetivos antagónicos. Es su deber sopesar el crecimiento económico a corto plazo, frente al control de la inflación, la balanza externa y el crecimiento de la producción a largo plazo.
Un importante argumento tradicional pro independencia del banco central asevera que los responsables de pagar las cuentas del Gobierno no deberían encargarse del dinero del país. La tentación de comprometerse con finanzas inflacionarias es demasiado fuerte.
Pocos argumentan, sin embargo, que cualquier banco central debería estar completamente divorciado del gobierno. Después de todo, el banco central es inherentemente una institución del sector público, no solo en lo que se refiere al desempeño de sus responsabilidades monetarias y de supervisión financiera, sino también en el desempeño de su función tradicional de banquero gubernamental.
No es fácil medir la independencia del banco central debido a que esta puede verse socavada por gran variedad de conductos. Es posible colegir indicios formales de independencia a partir de los sectores de donde provienen los directores, sus periodos en el cargo y sus métodos para tomar decisiones. Pero todos los indicadores pueden ser engañosos, porque incluso la relación entre el banco central y las entidades gubernamentales puede ser fuertemente influida por la tradición.
Aunque se puede depender de otros segmentos de la sociedad en la arena política o en el sector encargado de la planificación de la política para subrayar la importancia de maximizar las tasas de crecimiento, real o la reducción del desempleo, con frecuencia solo se puede contar con la autoridad monetaria para defender el valor de la moneda. La gran mayoría cree que esta es la principal responsabilidad del Banco Central.
Concluimos que a los bancos centrales más independientes han correspondido políticas menos inflacionarias.

Wilmer Murillo