Macarena Barahona

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Sábado 2 Mayo, 2009


Cantera
Los días de la Tierra

La semana anterior se celebró el Día de la Tierra, convocado por la Organización de las Naciones Unidas, en esa campaña contemporánea, de dedicar un día a los asuntos problemáticos que se han convertido en prioridades para las naciones del mundo y sus instituciones internacionales.
Esa importancia refleja el propio espejo de las políticas mundiales y nacionales.
El Día del Aborigen, el Día de la Tierra, el Día del Agua, el Día del Arbol, el Día de los Niños, el Día del Afrocaribeño, el Día del Emigrante, el Día del Refugiado, y otros muchos… días, repartidos en la conciencia planetaria de las Naciones Unidas y sus representados.
Santoral de pecados y culpas es lo que oculta cada uno de estos días. Y así, separados en el calendario, se santifican en símbolos del vacío de sí mismos.
¿Por qué separar, el Día de la Tierra, el Día del Arbol, el Día del Agua? ¿Hay posibilidad objetiva de separar, el agua de la tierra y de sus propios hijos?
Existen en nuestra conciencia esas absurdas fronteras, conformadas por alambradas de pensamientos, donde, si vemos para abajo, está ella: la tierra.
Podemos ver nuestro horizonte y nuestros ríos, y está ella: el agua, y para arriba, nuestro aire, y no vemos para arriba ni en nuestra circunferencia, porque tememos empequeñecer nuestra estatura humana, y competir ante el vuelo de algunas aves, más poderosas, que sí dominan los espacios más integrales.
Separamos todo, en ese afán de evadir nuestras culpas. Separadas, en archivos distintos, molestan menos.
En el Día de la Tierra, vemos lo que denominamos suelo, y pisamos, sin percibir que ella es nuestro lumen de todo, para abajo, sí; en lo profundo que no vemos pulsa la verdadera vida.
Porque ella, toda es la primigenia, Gea. Estuvo antes y estará después de nosotros, y nos siente, y respira, y en sí misma cabemos todos, los otros seres de este planeta, martillándola y cubriéndola de asfalto, y cemento, arrancando sus verdes especies y sus líquidos sagrados, para nuestro hollín y basura, y para extender más nuestras absurdas metas suicidas.
Un día, que no es a la vida, ni al compromiso ni a la reflexión de nuestro andar por ella, ni al conocimiento de la Tierra como una sola, con nosotros dentro, engullendo, respirando su oxígeno. Un día lamentable donde nos construimos la ilusión de que ella está separada de nosotros, por esta conciencia superficial del ser humano.
La Tierra no necesita un día para ella, ella es la dueña de todos los días de nosotros, y nos lo recuerda, cada día.