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“Locura de amor en Las Vegas”

(What Happens in Vegas)
Dirección: Tom Vaughan. Reparto: Cameron Díaz, Ashton Kutcher, Queen Latifah, Dennis Farina. Duración: 1:39. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 3.
No se puede reprochar demasiado a los guionistas de Hollywood por su ineptitud al momento de crear nuevos conceptos para comedias románticas. Después de un siglo de cine, los clichés del género han sido explotados una y otra vez: solo queda reciclarlos y actualizarlos, según las modas del momento y los cambios en el estilo de vida de la gente.
En este sentido, “Locura de amor en Las Vegas” es un triste espejo de sus tiempos. La premisa argumental es disparatada, pero en el ámbito de una ficción cinematográfica pudo prestarse para una amena reflexión acerca de los conflictos implícitos en toda relación de pareja.
En cambio, el libreto de Dana Fox degenera pronto en una desagradable farsa matrimonial. Primero esboza una sátira grotesca de esa institución, evidenciando de paso las peores facetas de los personajes. Luego, pretende retirar lo dicho optando por un desenlace conservador, trillado y contradictorio.
Con desempeños histriónicos que dan grima, Cameron Díaz y Ashton Kutcher encarnan a Joy y Jack, quienes se conocen en Las Vegas. A Joy la acaba de abandonar su prometido. Jack pierde su trabajo cuando su propio padre lo despide. Por despecho, ambos deciden irse de fiesta a la capital del juego de azar.
Tras una noche de juerga, ellos amanecen en la misma cama y descubren haberse casado durante la borrachera. Mientras discuten acerca de la anulación del vínculo, Jack toma 25 centavos pertenecientes a Joy y los inserta en una máquina tragamonedas, con lo cual gana un premio de $3 millones. Es el inicio de un pleito que termina en un aula de tribunal. Mientras decide cómo repartir el dinero, un juez condena los novios a seis meses de “matrimonio forzado”.
En lugar de explorar con ironía lo que puede pasar entre seres obligados a compartir un hogar, la trama toma el camino fácil de la tontería gratuita, con los caracteres empeñados en hacerse la vida imposible. La batalla casera incluye bromas absurdas, como orinar en el fregadero o levantarse de noche para remover la tapa del inodoro. Nada de ello hace la menor gracia. Después de presentar a Jack como un engreído y a Joy como una arpía, se da un “giro” (¿sorpresivo?) mediante una evolución psicológica tan forzada como patética. El conjunto parece una versión suavizada (y tarada) de “La guerra de los Roses” (1989), destinada inevitablemente a contradecirse a sí misma en el desenlace.
“Locura de amor en Las Vegas” sobresale únicamente en el rubro de la chabacanería, ubicándose por derecho entre las peores comedias románticas de los últimos años.
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