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Sábado 31 Diciembre, 2011


El gobierno no tiene autoridad moral para pedirles más tributos a los costarricenses ante tanto no demuestre un cambio de actitud en el manejo racional del dinero

Lo que no se discute en el plan fiscal

En las últimas semanas se ha acalorado la discusión del plan fiscal sobre una óptica aislada de la aplicación de impuestos y cómo estos pretenden sanar el déficit del gobierno. No es para menos, Costa Rica gasta más de lo que percibe. Sin duda, las finanzas públicas encontrarían un alivio temporal al aumentar la carga impositiva como este paquete tributario pretende. No obstante, la actual intención de obtener más dinero para cubrir el gasto no trata los problemas estructurales de las finanzas públicas.
¿Cual es el problema de fondo que debería atender el plan fiscal? Las finanzas nacionales encontrarán paz cuando se atiendan tres aspectos: la eficiencia del gasto público, la evasión fiscal, y la concepción del Estado como servidor del sector privado y no como un fin en sí mismo.
El gobierno debe aumentar el control de sus egresos. El gasto en burocracia aumentó un 20% durante la administración pasada. Tenemos el nivel más alto de déficit en América Latina (5,2% del PIB). La Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), pronostica un déficit del 5,5% del PIB para 2012. Y en octubre pasado, según se discutió en el seno de la Asamblea Legislativa ante la aprobación del presupuesto 2012, se hallaron casos de gastos superfluos como los ¢100 millones más presupuestados en alimento para caballos de la Fuerza Pública sin que el número de animales aumentara proporcionalmente, o los ¢29 mil millones destinados para consultorías.
La Controlaría General de la República publicó durante noviembre pasado un comunicado que refleja la evasión fiscal (informe No. DFOE-SAF-IF-06-2011). Este documento recalca la evasión del impuesto de la renta que alcanza un 19% de recaudación de los potenciales ¢78 mil millones que se supone deberían ingresar. Además, un 63% de aquellos que reportan, declaró un impuesto de cero colones para el periodo 2010. Otros estudios de la Contraloría señalan una evasión del 30% en el impuesto de ventas. No es de sorprender que la Contraloría manifieste a la Dirección General de Tributación que debe mejorar la gestión de cobro y sanciones tributarias.
Complementario a lo anterior, el gobierno debe comprender su misión como facilitador del desarrollo de su población y no como un fin en sí mismo. No obstante, la práctica nacional funciona en sentido opuesto. Síntomas de eso son los casos de extensivos trámites para establecer un negocio, la carencia de políticas claras de desarrollo nacional que acompañen la empresa privada, y ahora, el hecho de pedirles más dinero a los costarricenses para financiar un gasto desmedido.
Por otra parte, la carga impositiva de Costa Rica, según Juan Carlos Hidalgo del Cato Institute, fue equivalente al 23,1% del PIB en 2008 y del 21,7% para 2009. En estos mismos años de recesión, Estados Unidos registró un 26,1% y un 24%. Las proporciones se asemejan y demuestran que los costarricenses no tenemos bajos niveles de impuestos.
El gobierno no tiene autoridad moral para pedirles más tributos a los costarricenses ante tanto no demuestre un cambio de actitud en el manejo racional del dinero. De otra forma, alimenta un sistema insostenible y obstruye el desarrollo del sector privado.

Fernán Campos