Lo que los brasileños saben y los inversores extranjeros, no
Los inversores que observan el drama político desde lejos apuestan a que el juicio a Rousseff podría ser la única manera de salir de un atolladero que lleva meses. Bloomberg/La República
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 Por estos días en los mercados brasileños, cualquier señal de que la presidenta Dilma Rousseff va a ser sometida a juicio político basta para disparar una frenética ola de compras de los inversores internacionales.
Pero todo indicio de que su destitución podría quedar en la nada hace que los extranjeros corran a ponerse a cubierto.


Se trata de una dinámica que desconcierta a los actores locales.
“Los inversores extranjeros son de gatillo fácil: están listos para entrar y salir a toda velocidad de acuerdo con las últimas noticias”, dijo Marcelo Mello, que colabora en la administración de 19 mil millones de reales ($5.200 millones) en activos como máximo responsable ejecutivo de SulAmerica Investimentos en Sao Paulo.
“Los brasileños son más críticos porque ven la crisis en directo y sienten sus efectos todos los días”.
Mientras los habitantes locales como Mello miran desde la tribuna, es el dinero extranjero el que genera las alzas eufóricas y las bajas aterrorizadas que han convertido a los mercados del país en los más volátiles del mundo.
Después de que el Ibovespa subiera 16% en las dos primeras semanas del mes, el índice cayó 5,1% el lunes y martes y luego dio un salto del 8% el miércoles y el jueves pasados.
Los inversores internacionales volcaron 5.970 millones de reales a las acciones durante la primera quincena del mes, en tanto los fondos, las compañías y los particulares brasileños retiraron un monto similar.
Estos flujos ponen de relieve una diferencia clave en la forma en que los dos grupos ven la crisis de Brasil.
Los inversores que observan el drama político desde lejos apuestan a que el juicio político a Rousseff podría ser la única manera de salir de un atolladero político que lleva meses, lo que permitiría que los legisladores volvieran a concentrarse en terminar con un perjudicial déficit de presupuesto y sacar a Brasil de dos años de caída económica.
Pero los que ven lo que pasa de cerca no están tan seguros. El proceso de juicio político a un presidente puede ser complicado. Y largo.
Entretanto, la economía brasileña se hunde cada vez más en la recesión, las cuentas fiscales se deterioran y un escándalo de corrupción que ha dejado al establishment empresarial y político patas arriba no da señales de atenuarse.
“El mayor error que cometen los mercados es pensar que el juicio político dará claridad en un sentido o el otro”, señaló Christopher Garman, responsable mitad brasileño de análisis del país de la consultora política Eurasia Group en Washington. “La idea de que un nuevo gobierno puede terminar fácilmente con esta crisis es exagerada”.
Esto no ha impedido que los inversores extranjeros se montaran en la sucesión de altibajos de la saga política brasileña. El índice accionario de referencia del país osciló entre mercados alcistas y bajistas cuatro veces en los últimos 18 meses debido al tira y afloja entre los pesimistas y los optimistas.


 

 


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