Llamado a la racionalidad
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Son los habitantes de ambas naciones los que hacen y harán que se dé una relación que lejos de entorpecerse por estrategias o coyunturas políticas se debe mejorar cada día

Llamado a la racionalidad

Luego de la reelección de Daniel Ortega como Presidente de Nicaragua el domingo pasado, Costa Rica debería haber iniciado ya un debate, no solo a nivel gubernamental sino en los más importantes centros de pensamiento y análisis, como las universidades, entre otros, que aportara luz para llegar a establecer la mejor forma de manejar las relaciones con ese país.
Por muy difícil, conflictivo y molesto que resulte el gobierno del vecino del norte, él permanecerá ahí por cuatro años más y debería crearse una forma de relación que permita la productividad y el respeto.
Ambos pueblos, el nicaragüense y el costarricense, tienen características diferentes y aunque forman parte del istmo centroamericano tienen una historia e idiosincrasia distintas.
Sin embargo, siempre serán vecinos y el hecho de que actualmente Costa Rica viva la circunstancia de que un gobierno nicaragüense decidió en un momento dado invadir territorio nacional creando una situación no solo difícil sino innecesariamente tensa, no cambia el hecho de que los sectores productivos de ambos países deben seguir relacionándose del mejor modo posible para beneficio mutuo.

Costa Rica tiene ya una larga trayectoria de vida democrática y ha de enfrentar este problema con las herramientas que se debe, es decir, con las de la reflexión, el pensamiento inteligente y la madurez necesaria. Esto es lo único que puede dar buenos resultados tanto a lo interno del país como en sus relaciones con el resto del mundo.
No se debe dar largas a un tema que tiene que ser resuelto. Por ser algo que a todos afecta, debería acudirse a las mentes más lúcidas en la materia para que contribuyeran a una solución adecuada que permita que las cosas fluyan sin más problemas en vista de que, de todos modos, el asunto entre ambos países será resuelto en una corte internacional.
Los gobernantes de ambos países será lo que cambie con el tiempo y en cada caso puede haber un modo diferente de plantear las relaciones. Son los habitantes de ambas naciones los que hacen y harán que se dé una relación que lejos de entorpecerse por estrategias o coyunturas políticas se debe mejorar cada día.


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