Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 3 Marzo, 2010


Líderes intentan distraer a pueblos afligidos


“Vamos a recuperar a Guanacaste”, “Belice es nuestro”, “San Andrés es nicaragüense”, y recientemente “las Malvinas son argentinas” constituyen algunos ejemplos de banderas lanzadas por líderes de distintos países latinoamericanos, cuando sus políticas económicas y financieras no dieron fruto, cuando el desempleo está elevado, y cuando el fútbol no da abasto para distraer a sus pueblos. Bolivia reclama acceso al mar y Venezuela argumenta que una parte fronteriza de Guyana le pertenece, para citar otros dos ejemplos de esta costumbre que les ha servido a líderes de todo el mundo, para bien o para mal, desde los tiempos de los emperadores romanos.
Estos líderes con problemas internos esperan que el “enemigo externo” tome prioridad en la forma de pensar de los ciudadanos; sacan la bandera del patriotismo y provocan una lealtad a la nación con la esperanza de poder opacar a la disidencia. Es todavía más bonito para ellos cuando no hay que tener una causa específica, como es una tierra “despojada,” y que pueden hablar del “imperio”. En su máxima expresión, el “imperio” es la causa de todos los males. En la reunión del Grupo de Río en Cancún la semana pasada, el “imperio” estaba personalizado en Elizabeth II.
El realpolitik tiene como una de sus reglas básicas que “la posesión es 90% de la ley.” Los ingleses han ocupado las islas Falkland (Malvinas para los argentinos) continuamente desde 1833. Los sudamericanos invadieron en 1982, y fueron derrotados por las fuerzas armadas de Elizabeth II. Cuando Cristina Fernández y su gobierno anunciaron como concesión en Cancún que estaban dispuestos a “negociar” con los ingleses, lo que había que preguntar es ¿qué aportarían los argentinos a esa mesa de negociación? Mientras que la Presidenta hace esta “concesión,” Hugo Chávez declara “…las cosas han cambiado señora reina, ya no estamos en 1982, en caso de agresión contra Argentina tenga la seguridad de que no estará sola como se quedó entonces la patria argentina”.
Mientras que habla con tanta bravura el líder venezolano, no logra dotar de energía eléctrica a los pobladores de su país. La concesión de conversaciones de Fernández viene de uno de las presidentes menos populares en la región. ¡Qué palabras más dramáticas de estos líderes reunidos en un hotel playero de lujo!
Es cierto que Daniel Ortega ha dicho en más de una oportunidad que Guanacaste es nicaragüense y debería ser devuelto. Costa Rica ha poseído ese territorio desde 1824, más tiempo que los ingleses a las Malvinas. Si Ortega, motivado por el desempleo drástico que azota su país y el hecho de que ya terminó “el conflicto” del río San Juan, ofrece “dialogar” sobre el futuro de esa provincia, ¿qué harían los costarricenses?
Actualmente Daniel Ortega tiene sus ojos puestos en otro lado. Está preocupado porque los “yanquis quieren tomar posesión de Haití,” y según él, por eso han estado tan presentes en esa nación desde el terremoto del 12 de enero. Bajo esa lógica se podría suponer que si ocurriera un desastre natural en Nicaragua, el líder sandinista no aceptaría ayuda “yanqui”.
¡Qué pelotón de líderes que hacen poco o nada para sus gobernados! Quieren institucionalizar el Grupo de Río como alternativa a la OEA. Seguramente pondrán todo tipo de palabrería a la organización nueva, pero es dudoso que pongan dinero.

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