Nuria Marín

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Lunes 28 Abril, 2008

Creciendo [email protected]
Liberen a Ingrid

Nuria Marín

Hay personas que por su trascendencia se convierten en iconos de lucha mucho más allá de su condición personal y familiar. La historia de Ingrid Betancourt es un claro ejemplo de esto, y las FARC para bien y para mal, deben cobrar conciencia sobre ello.
La ex candidata presidencial (2002), mujer valiente e irreverente, mosquetera en la lucha contra la corrupción y los tentáculos del narcotráfico cae víctima del secuestro cuando se traslada a San Vicente del Caguán. Su objetivo, apoyar al alcalde de su partido Verde Oxígeno a quien había prometido acompañar en las buenas y en las malas.
Pasando por alto las advertencias del gobierno de Andrés Pastrana se adentró en las fauces de la selva para encontrarse con un destino cruel de seis años de cautiverio en donde la tortura y diaria humillación son el pan de cada día.
La fuerza de Ingrid es alimentada por su exposición universal. Su condición de franco-colombiana le ha deparado importantes aliados en los gobiernos francés, español y suizo lo cual catapulta el problema colombiano a la agenda mundial.
Por otra parte, su conmovedora historia de hija que llora por su madre y de madre que sobrevive por la fe y la esperanza de reencontrarse con sus hijos, despierta profundas emociones de empatía que trascienden las diferencias políticas, de etnia o religión.


Ingrid es la persona que junto a su familia personifica el drama de tantos otros rehenes que han tenido que sufrir a manos de las FARC. Es la fuerza detrás del más de 1 millón de manifestantes en Colombia y el mundo entero que el pasado 4 de marzo como una sola voz clamaba: “Colombia soy yo, no más secuestros, no más mentiras, no más muertes, no más FARC.”
Actualmente solo el 3% de la población colombiana apoya a las FARC, grupo marxista leninista que surgió en búsqueda de mejores condiciones de vida y que con el transcurso de las décadas ha degenerado en un grupo sin norte ideológico, presa de las mieles del narcoterrorismo y el secuestro, que ha condenado al pueblo colombiano a la violencia y el estancamiento social.
Ingrid es uno de los mayores activos de las FARC. Sin embargo, las noticias de su frágil estado de salud que han oscilado según la fuente entre una situación crítica por enfermedad crónica y otra que señala que se podría encontrar al borde de la muerte plantean una difícil encrucijada para sus captores.
Si optan por retenerla, y su estado de salud se deteriora y muere, podrían convertirla en una mártir que al igual que la muerte de las hermanas Mirabal en República Dominicana catalice la oposición en su contra. Su liberación, por otra parte, mandaría una positiva señal de compromiso con el cambio. En momentos en que la credibilidad de las FARC es poco menos que nula, podría ser un primer paso de inflexión a la construcción de una sociedad con menor violencia y mayor equidad.


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