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Lhasi vive tensa calma ante ultimátum

Gobierno de Beijing justifica la represión a manifestantes tibetanos

Beijing
EFE

La capital del Tíbet, Lhasa, vive una tensa calma en espera de que ayer acabe el ultimátum para que los causantes de los disturbios se entreguen a las autoridades chinas, quienes niegan haber usado armas para sofocar los incidentes en los que hubo 13 muertos, según el Gobierno chino, y un centenar, según el exilio tibetano.
La conminación del gobierno de Beijing, con clemencia para quienes se entreguen y castigos severos para los que no lo hagan, expiró la media noche de ayer (16.00 GMT).
Mientras, organizaciones independentistas tibetanas señalaron ayer que las protestas se han extendido a otras zonas de la Región Autónoma del Tíbet y las provincias chinas limítrofes, con un número indeterminado de muertos y heridos.
Según los medios oficiales, tras los graves incidentes, la normalidad vuelve gradualmente a Lhasa, que reabrió ayer sus escuelas e institutos (dos de ellos, sin embargo, resultaron dañados en los más de 300 incendios provocados el pasado día 14).
No obstante, continúa tomado militarmente el centro histórico, por el que “transitan los habitantes locales y circulan los vehículos, pero no los extranjeros”, dijo ayer un testigo a Efe.
El testigo, que prefirió guardar el anonimato, corroboró que la normalidad vuelve a la ciudad y los turistas son “invitados” con todo tipo de facilidades a marcharse (aunque el gobierno tibetano desmintió que los haya expulsado).
La decena de residentes de otros países que trabajan en la Región Autónoma del Tíbet en organizaciones humanitarias están obligados a permanecer en residencias y hoteles.
Cualquier intento de salir al exterior es abortado por las fuerzas de seguridad, que buscan casa por casa “agitadores” de la violencia antichina.
La situación en la capital tibetana llevó al presidente de la región autónoma, Qiangba Puncog, a dar ayer una rueda de prensa en Beijing, en la que señaló que la policía y el ejército chinos “no hicieron uso de armas” en la represión de las manifestaciones de la semana pasada.
Puncog señaló que más de 580 personas, tres de ellas turistas japoneses, fueron rescatadas de la violencia en Lhasa, donde “los residentes extranjeros están sanos, salvos y bien protegidos”.
En su rueda de prensa el presidente autónomo tibetano defendió la actuación de las fuerzas chinas: “Me gustaría saber si hay algún Gobierno defensor de la democracia y vigencia de la ley que toleraría tal violencia”, declaró.
Puncog se mostró “indignado” porque “la camarilla del Dalai Lama y algunos occidentales hayan llamado a los incidentes 'protestas pacíficas”.
Entretanto, la propaganda china se centró ayer en la situación de los comerciantes que perdieron sus negocios en las revueltas y señaló que los centros de ayuda han atendido a 49 de ellos, que perdieron sus hogares.
También recogió los testimonios de tibetanos condenando la violencia, mientras las informaciones que llegan del exterior, procedentes del Dalai Lama y el gobierno en el exilio, acusan a Beijing de manipulación informativa en el Tíbet, que continúa vetado a los periodistas.
Desde que Beijing anunció el ultimátum, el esfuerzo se concentra en la búsqueda de responsables, tanto en Lhasa como en las vecinas provincias de Sichuan, Gansu y Qinghai, donde también hubo protestas.
En esas zonas, multitudes que transportaban el retrato del Dalai Lama gritaron eslóganes independentistas, arrojaron piedras y con palos rompieron ventanas de edificios públicos prendiendo fuego a negocios en diversas provincias.
Los analistas consideran que las medidas adoptadas por el Gobierno chino para acabar con las protestas en Tíbet dejan claro que la amenaza del boicot a los JJOO de Beijing no reducirá la decisión de China de imponer el orden.
“Era de esperar que sucediera algo antes de que la antorcha olímpica llegue en mayo (al Tíbet). Su paso simbolizará el poder chino. Pero ni la amenaza del boicot hará que Beijing se contenga. Lo considera un asunto interno”, aseguraron ayer expertos en Beijing.
“Las manifestaciones antichinas no son raras a pequeña escala pues la población Han -etnia mayoritaria en China- en el Tíbet aumentó con la llegada del tren más elevado del mundo desde Beijing y ya alcanza el 60 por ciento”, dijeron expertos.
Cientos de monjes salieron a la calle el pasado 10 de marzo para recordar el 49 aniversario del levantamiento que obligó a exiliarse al Dalai Lama, a lo que se sumaron muchos tibetanos en protesta por la marginación que sufren en el desarrollo económico chino.
El Dalai Lama, de 73 años y su líder político y espiritual, lanzó un duro ataque contra Beijing, al que acusó de llevar a cabo un “genocidio cultural”.
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