Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 4 Junio, 2015

Una sociedad con sus valores en crisis es amplio y caluroso hospedero para las operaciones del bajo mundo

De cal y de arena

Lavado, narcotráfico, coimas…

Son $4.200 millones lo que se lava en nuestro país cada año… y las cosas siguen como si esto no fuera de una extrema gravedad. Una sociedad con sus valores en crisis es amplio y caluroso hospedero para las operaciones del bajo mundo.
Entendemos los peligros que entraña la presencia del narcotráfico y del crimen organizado, pero el común del ciudadano toma distancia y mira con liviandad esta amenaza al Estado de Derecho y al orden institucional que tan trabajosamente hemos construido.
Es preocupante la frialdad con que se recibe esa grave noticia que dio días atrás el jerarca de la Dirección de Inteligencia y Seguridad, Mariano Figueres, de que en Costa Rica se lavan US$4.200 millones al año, seguida después de la denuncia de que el tráfico de la droga (principalmente cocaína) ha abierto 35 puntos de paso en su ruta hacia los principales mercados de consumo en Norteamérica y Europa. Tantísimos recursos se inyectan a la economía nacional por la vía de transacciones inmobiliarias, la industria de la construcción, las apuestas en juegos de azar, operaciones de “suba y bájese” en casas de cambio, para dar aparente legitimidad al dinero mal habido, en mucho en los predios del narcotráfico y el crimen organizado.
Tan grave es la crisis de valores que la campanada de alarma dada por Figueres no retumbó más allá de la cuadra donde opera la DIS.
En otros tiempos, esta sociedad se hubiera puesto en pie de guerra habida cuenta de que nada de este entorno es inocuo como parecen interpretarlo muchos que simplifican el entramado como un mero trasvase de dinero que entra y sale tiempo después, ya cumplido el lavado, y de efectos neutros —además— en el valor del colón.
Este ilícito es un devastador corrosivo en nuestros valores y en las instituciones políticas y sociales, no vaya a ser que su preservación resulte harto compleja si nuestra reacción es tardía.
En este contexto de descomposición avanzada se le notifica al país y al mundo entero que la Fiscalía General de Estados Unidos ha abierto un expediente por los delitos de crimen organizado, conspiración para ejecutar fraude electrónico, fraude electrónico, lavado de dinero y conspiración para lavar dinero, de cuya ejecución acusa a destacadas figuras de la FIFA.
Uno de los nombres en este affaire es Eduardo Li, el principal jerarca del futbol costarricense. Aunque él goza del principio de inocencia por todo el tiempo requerido antes de que se le tenga como delincuente por dictado de sentencia firme, no debemos desviar nuestra atención hacia el trasvase de algo más de $27.500 a la Fedefutbol.
No es esto la esencia del caso como sí la presencia de una figura delictiva —el fraude electrónico— con diversas ramificaciones y formas, que en Estados Unidos y en Suiza es considerada grave y para cuyo esclarecimiento la ley provee a las autoridades de excepcionales atribuciones.
Li tendrá que demostrar ante la justicia de Estados Unidos que no está involucrado en ello, cualesquiera hayan sido las conductas ilegítimas así tenidas por aquella Fiscalía para fundamentar sus imputaciones. No nos distraigamos con lo de los $27.500; es el cortinaje que oculta la violación.

Álvaro Madrigal