Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 15 Noviembre, 2012

Sumida en un patético autismo, rodeada de aduladores que no de consejeros (…) doña Laura tampoco se percata de que su firmeza y verticalidad se desacreditaron desde los episodios en Isla Calero…


De cal y de arena

Laura o la hora de la represión

Multitud de seguidores de la izquierda mexicana abarrotaron el Zócalo y taponearon sus calles para expresar su repudio hacia el proceso electoral. En Caracas, los seguidores de Henrique Capriles se apoderaron de las céntricas vías capitalinas para fijar posiciones ante el régimen de Chávez. En Buenos Aires el paso fue bloqueado pues en la emblemática avenida 9 de Julio se concentraron los críticos de la Presidente Fernández. Igual cierre de calles se dio en las grandes ciudades españolas cuando los ciudadanos concurrieron a repulsar el gobierno de Rajoy por la desequilibrada política de ajustes económicos y financieros. Los contestatarios en esos países pudieron ejercer su derecho a la libre expresión del pensamiento en las calles. En cambio, en Santiago de Chile los estudiantes convocados para recusar el esquizofrénico régimen de costeo de la educación y en Colón (Panamá) los objetores del dispendio del patrimonio público adscrito a la Zona Libre, sufrieron la arremetida de las brigadas de choque arropadas por la razón de la fuerza para restablecer el sacro paso a golpe de gases y cachiporras. Aquí sucedió lo mismo cuando los ánimos de los marchantes se encresparon después de que las autoridades del Seguro Social cerraran las puertas de su cuartel y frustraron la entrega de su pliego de peticiones, con lo que se formó un tumulto que impidió el tránsito.
Doña Laura se inspiró en sus congéneres de derecha y echó las brigadas de choque a la calle. De una vez anunció que en lo que resta de su maltrecho mandato, hará lo mismo en aras del respeto a la ley.
Nada le importan el significado y los alcances de la libertad de expresión: el Estado no tiene derecho a dispersar mediante maltratos físicos y detenciones ilegítimas a quienes se agrupen para manifestar pacíficamente su opinión (voto 2000-3020 de la Sala Constitucional).
Igual ella y sus acólitos —incluso esos incensarios que pasan la noche en vela pariendo disparates en el desespero que les causa el desprestigio de la mandataria— pisotean el fallo 2000-2870 de la misma Sala: “…en un Estado democrático de derecho como el nuestro, hasta el ejercicio de una competencia constitucional tan importante como la señalada requiere de un auto control y una disciplina de la autoridad para no caer en tentaciones, incluso provocaciones, así como distracciones de los principios fundamentales por los que se rigen las fuerzas de policía”.
Sumida en un patético autismo, rodeada de aduladores que no de consejeros, e inerte ante el repudio que se exterioriza en las encuestas, doña Laura tampoco se percata de que su firmeza y verticalidad se desacreditaron desde los episodios en Isla Calero cuando sus valientes policías pusieron pies en polvorosa y dejaron desguarnecido el pabellón patrio.
Y aún más cuando su Viceministro de Seguridad, Celso Gamboa, le avisó al crimen organizado limonense que sus tropas iban con un operativo a apresarlos. ¡Qué bueno, así se está descalificando para ser director del OIJ!. Todo esto más la “ley mordaza” huele a la hora de la represión


Alvaro Madrigal