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Latinoamérica, el doctor de bajo costo de Estados Unidos

Latinoamérica se ha convertido en un centro médico de bajo costo para los estadounidenses que, cada vez más, se apuntan al turismo de salud animados por la diferencia de precios y la oferta creciente de empresas especializadas y hospitales.
Y es que para un residente de Estados Unidos, la muela del juicio puede tener algo aún más doloroso que su propia extracción, una factura de $10 mil. Viajar unos kilómetros puede quitar algunos ceros.
Tanto anglosajones como hispanos en EEUU lo saben y deciden subirse a un avión o cruzar la frontera en coche o caminando para recibir tratamiento médico, unas circunstancias que nuevas empresas han aprovechado.
”Tenemos preparadas limusinas para recogerles en el aeropuerto de San Diego y los transportan al hospital al otro lado de la frontera”, explica a Efe Jim Arriola, presidente de Sekure, una empresa que provee seguros médicos combinados con hospitales y consultas en México y en EEUU en función del precio del tratamiento.
La recesión económica ha favorecido al sector y también a su compañía en los últimos seis meses. Ahora, asegura, los anglosajones acaparan el 90% de las consultas con la empresa por Internet.
”La crisis ha ayudado mucho al negocio, no tanto por los latinos, sino por los anglosajones. Muchos pierden la cobertura de salud en su país y deciden venir a México. Otros se dan cuenta de la diferencia de precio y lo cerca que está”, explica.
Eso pensaron 952 mil residentes en Estados Unidos en California en 2009, cuando viajaron a México para recibir algún tratamiento médico, de los cuales 488 mil eran inmigrantes mexicanos y el resto anglosajones, según un estudio de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA).
Entre las conclusiones de la investigación, destaca que el turista de salud más común no es el de menos recursos, sino uno de clase media, porque el costo del viaje puede ser demasiado caro para el primero.
En la frontera, existen destinos populares como Nuevo Progreso o Matamoros para ir a la consulta del médico en un día y obtener prescripciones para medicinas o gafas graduadas, según la Asociación Global de Turismo Médico.
De hecho, una encuesta de Group Survey de 2009 indica que entre un 80 y un 90% de los clientes de dentistas en pueblos de la frontera son estadounidenses.
Más allá de la frontera, en los últimos tres años, el negocio “ha empezado a despertar más interés y en el último medio año empieza a consolidarse”, precisa Arriola.
Entre ellos, ha sido decisivo el apoyo de gobiernos locales y estatales, y la certificación de calidad de hospitales, unos asuntos que se discutirán el 25 de agosto en el primer congreso nacional de turismo de salud de México.
Pero aunque el país vecino cuenta con el privilegio de su localización para el estadounidense, otros países lideran el negocio en Latinoamérica.
Asia, por ejemplo, es un serio competidor en este sector, que ha visto multiplicar sus inversiones entre 1990 y 2000, de $36 mil a $155 mil millones, según un estudio de la revista Lancet.
Aunque a nivel mundial, Tailandia es el principal proveedor de servicios con más de un millón de pacientes al año y unos ingresos de 615 millones de dólares, Costa Rica es uno de los destinos más populares en Estados Unidos y el país que acogió el primer congreso de turismo de salud de Latinoamérica el pasado abril.
Sus paquetes turísticos pueden combinar operaciones de rodilla y pasar unos días en la playa, pero otras veces los delicados tratamientos tras las intervenciones quirúrgicas requieren viajes en avión con especiales cuidados médicos.
Clínicas de Brasil, Colombia y Argentina han dominado el turismo de salud de Latinoamérica dedicado a la cosmética y cirugía estética, pero estos países atraen también más clientes para someterse a cirugía del corazón o de angioplastia, las más comunes, según la Asociación Global de Turismo Médico.
La razón vuelve a ser el precio. En algunos casos, las facturas se multiplican por casi siete: un “by-pass” para el corazón en Estados Unidos puede alcanzar $130 mil dólares y $24 mil en Costa Rica.

Washington / EFE
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