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Martes 9 Febrero, 2010

Las pésimas carreteras nacionales

Si un costarricense ha vivido fuera del país algún tiempo o si un extranjero nos visita, lo primero que les choca es el pésimo estado de las carreteras nacionales. Un Estado que renunció a ser protagonista en la construcción de carreteras, encontró como buena salida, utilizar al Ministerio de Obras Públicas y Transportes, para que a través de la contratación externa (out sourcing), subcontratara el mantenimiento de las carreteras. Hasta aquí todo va bien.
El problema se presenta cuando el Estado con un presupuesto limitado, saca a concurso dichas licitaciones y el criterio de elegibilidad va a ser “la oferta más barata”. Las empresas concursantes van a buscar realizar una oferta con materiales de tercera calidad que van a repercutir directamente en la vida útil de la estructura, pero que les garantizan mantenerse “vigentes” en el poco controlado y bien pagado mundillo de las constructoras.
Cuando se transita por la nueva carretera a Caldera, aparte de la atomización de peajes que nos receta la empresa adjudicataria para garantizar la recuperación del capital invertido; nos encontramos con una vía que nos hace sentirnos orgullosos y nos invita a soñar de que es factible tener infraestructura de primer orden en un país que aspira a ser desarrollado. Señalización oportuna, buen manejo de aguas pluviales, estabilización de taludes y una carpeta asfáltica impecable, nos ponen a soñar y a pensar que los huecos en las carreteras son una simple pesadilla y no una mala costumbre añejada y aceptada por los costarricenses.
Cuando reclamemos lo oneroso que resulta pagar los peajes de esa carretera concesionada, solo debemos traer a nuestra mente el calvario que significa realizar un viaje a Guanacaste por Cambronero detrás de un furgón o de un bus que realizan paradas en cualquier lugar y dejan los direccionales listos para salir cuando se les venga en gana.
Lástima que en este país, con un parque vehicular tan pequeño, este tipo de obras no se pueda replicar en otras zonas, lástima que por un tema netamente de recuperabilidad de la inversión, se haya renunciado a tener en vez de cuatro, dos carriles en esa hermosa carretera; y qué lástima que en el tema de concesiones de obras de interés nacional no se pueda ser más eficiente.
Que nunca nos acostumbremos a pagar ¢75 como sucede con el peaje San José-Cartago, y a cambio tengamos carreteras en pésimo estado que avergüenzan a cualquier ciudadano.

Mynor Retana C.
Ingeniero
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