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Es necesario aceptar la realidad para poder cambiarla. En periodo de negación podríamos permanecer muchos años más sin solucionar nada

Las fallas hay que reconocerlas

Pareciera evidente que, al menos en este momento, un modelo mixto (Estado-empresa privada) le podría dar mejores resultados a Costa Rica que la opción elegida de realizar obra pública por concesión.
Este modelo resultó un fracaso estruendoso con demasiadas pérdidas para el país y problemas sin resolver para los empresarios y el resto de la población, que requieren la infraestructura.
No hace falta hacer historia para tenerlo claro. Todos conocemos los penosos “vía crucis” de retrasos, incumplimientos, apelaciones y más retrasos, que como un rosario de espinas al girar va desangrando las finanzas públicas porque al final todo sale más caro y demora el desarrollo.
No es difícil dilucidar lo ocurrido. Por un lado, unas instituciones del Estado que nadie se ocupó de preparar adecuadamente para que ejercieran los eficientes controles y regulaciones. Los gobernantes trabajaron para lograr la apertura pero no hicieron la tarea de preparar a Costa Rica para aprovecharla.
Por otro lado, poca transparencia en los procesos que, sumada a la complejidad de estos, impide a los costarricenses conocer con certeza y sobre la marcha lo que se hace con el dinero de sus impuestos.
Además de todo esto, las obras sin realizar o a medio camino entre los anuncios y las ya temidas inauguraciones, como testimonios contundentes de que las cosas no se hacen bien.
Es necesario aceptar la realidad para poder cambiarla. En periodo de negación podríamos permanecer muchos años más, al igual que el adicto que no reconoce serlo y, por tanto, no inicia el tratamiento para su cura y para el cambio en su estilo de vida.
Sin embargo, modificar estos modelos para sustituirlos por otros que puedan dar mejores resultados no significa que se hizo todo cuanto había que hacer. La realidad es, como lo venimos diciendo en este espacio desde hace años, que Costa Rica necesita decisiones para transformar sus instituciones estatales en entes profesionales, eficaces y transparentes. Esta es la gran tarea de fondo que podría permitir el buen funcionamiento, a futuro, de cualquier modelo para la realización de las obras públicas y privadas.
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