Las deudas son de otros
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No resulta del todo convincente que ahora, con fondos de Banca para el Desarrollo, sean premiadas personas que no incurrieron en sacrificios

Las deudas son de otros


Es una práctica común que la sociedad exija al Gobierno que brinde una solución a los problemas que no le corresponden.
Resulta hasta reiterativo que los damnificados por inundaciones soliciten cada año una casa nueva a la Comisión Nacional de Emergencias, Ministerio de Vivienda o al Instituto Mixto de Ayuda Social, a pesar de que construyeron la suya a las orillas de un río y, probablemente, sin permisos en regla.


La reciente discusión de un proyecto de ley para readecuar la deuda de los empresarios del sector turismo tiene varios bemoles y está lejos de ser una medida que beneficie a la mayoría.
El argumento de los empresarios, en especial los del sector de La Fortuna, es que el Instituto Costarricense de Turismo les alentó a invertir en el desarrollo de infraestructura.
En 2007, la expectativa de crecimiento de la llegada de turistas animó a dueños de pequeños comercios a invertir en la ampliación del negocio, o inversión en nuevos.
Empero, vino la crisis y fueron varios los empresarios que abrieron los hoteles y empresas para satisfacer a turistas que no llegaron.
Hasta este punto, el plan para dar un tipo de subsidio a los empresarios sonaría sensato, porque la industria es generadora de empleo y riqueza.
Sin embargo, la actitud con la que muchos de esos deudores asumieron la nueva realidad es lo que deja mucho que desear.
En este momento, muchos de los acreedores siguen sin cancelar sus deudas. Al mismo tiempo que firmaban documentos para congelar las deudas, algunos mantuvieron un estilo de vida que estaba por encima de la realidad económica del negocio.
Tampoco hubo un aprecio hacia el turista nacional. Los precios cobrados son discriminatorios porque están por encima del poder adquisitivo de un trabajador promedio.
Por eso no resulta del todo convincente que ahora, con fondos de Banca para el Desarrollo, sean premiadas personas que no incurrieron en sacrificios.
Además, es conveniente abrir el debate de hasta cuándo el Estado deberá resolver con recursos públicos los problemas del ámbito privado.
Mientras los diputados discuten la viabilidad del proyecto de ley, en el ICT lamentan que recursos empleados para campañas en el exterior, con el fin de atraer a más turistas al país, vayan a dar a un fideicomiso para reestructurar viejas deudas.
 


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