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Las claves de La Décima

Sergio Ramos con su gol y Ángel Di María por su actuación fueron los baluartes del Real

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Sergio Ramos fue el héroe; Iker Casillas pudo ser el villano, al final ambos alzaron la Orejona tras una década de espera. AFP-Franck Fife/La República
Las claves para la victoria del Real Madrid pasan por la fe de Sergio Ramos, un error de Iker Casillas que marcó el duelo, la rectificación al planteamiento inicial de Ancelotti y la exhibición de Ángel Di María.
Primero Ramos se convirtió en el jugador de la final a los 93 minutos, cuando el duelo moría y se le escapaba al Real Madrid. Remató con el alma, sintiendo el peso de la historia y con su ambición infinita para escribir su nombre en la posteridad siendo un central con alma de goleador.
Segundo, el error de Casillas, acostumbrado a ser el héroe de finales sintió la responsabilidad del error, un grave fallo en una mala salida que pudo costar la cuarta derrota en una final de Copa de Europa para el madridismo. Su mala decisión marcó la final, hizo al Real Madrid remar contra corriente y estrellarse contra un muro hasta el tiempo añadido. Besó a Ramos con el empate del consuelo, rompió a llorar en pleno partido con el tanto de Bale.
Tercero, los cambios de Ancelotti: sale marcado de la final Asier Illarramendi por la decisión de Ancelotti de apostar de inicio por Sami Khedira. Un jugador sin ritmo, que llevaba seis meses de recuperación y que había disputado 121 minutos desde su vuelta. Lo acusó el Real Madrid en el primer acto, sin encontrar su juego y perdido por momentos. El giro que dio el técnico italiano fue clave para la remontada. Arriesgó y encontró el premio. Eliminó la figura de medio centro defensivo con la entrada de Isco y Modric asumiendo todo el peso, y fue fundamental la inclusión de Marcelo en banda izquierda, cuando al Atlético le comenzaban a flaquear las fuerzas. El brasileño fue un puñal continuo que creó todo el peligro que su equipo no había sabido generar hasta su entrada.
Cuarta, la exhibición de Di María: el argentino ofreció en la que fue su casa un auténtico recital físico con la personalidad de lanzar siempre pulsos al rival. Cada vez que recibió la pelota encaró, desbordó y provocó noticias ofensivas para el Real Madrid. Fue el mejor de la primera parte, lo único positivo de un equipo atascado que no veía vías de entrada hacia la portería rival. No paró de sacar amarillas a sus rivales, derribado sistemáticamente cuando se marchaba a alta velocidad hacia la portería y tuvo fuerzas hasta para asistir a Bale en el tanto de la remontada. Fue nombrado jugador del partido. Sus 13 kilómetros recorridos plasman su despliegue.
Se juntan a estos cuatro temas el factor Bale, que no será recordado por haber hecho un partido para olvidar, con fallos garrafales en la definición, sino por su decisivo gol con el que encontró la gloria.
También el desplome físico del Atlético de Madrid que fue un factor decisivo en la final. La temporada histórica del equipo de Diego Simeone acabó con 61 partidos y jugadores al límite. Arriesgó con Diego Costa que duró nueve minutos sobre el campo y le restó un cambio que habría dado aire en el final. Fiel a su estilo, aprovechó un error del rival y defendió como nadie hace, pero en esta ocasión no lo acompañó el físico hasta el pitido final.


Lisboa/EFE

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