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Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Las leyes y el sentido común

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 03 junio, 2009



Las leyes y el sentido común


Por más que los profesionales en derecho y los diputados que nos representan a todos nosotros intentan componer leyes que cubren todo tipo de permutaciones en lo que es el comportamiento humano, siempre surgen situaciones donde algún líder tiene que interpretar o violar la ley en nombre del sentido común. A veces no se atreven a violar la ley y la sociedad o parte de esta sufre; en otras situaciones el sentido común prevalece con un comportamiento que contraviene la ley.
Hay dos casos, ambos involucran al Puerto Limón, que ilustran este tipo de situación. En febrero de 2007, un pistolero invadió un autobús turístico que llevaba un grupo de visitantes de la tercera edad, que habían llegado en un crucero, a ver las bellezas de la zona atlántica del país. Amenazó a los turistas y disparó el revólver que cargaba por lo menos dos veces. Lamentablemente para el pistolero, por lo menos dos de los turistas, aunque mayores de 70 años de edad, eran ex militares con experiencia en combate mano a mano, y mataron al asaltante. Después de ser entrevistados donde los turistas y el chofer relataron todo lo que ocurrió, las autoridades les permitieron regresar al barco que zarpó casi de inmediato.
Hubo más de uno en Costa Rica que levantó la voz en protesta a la decisión de la autoridad de dejar a los turistas que viajaban en el autobús salir del país. Manifestaron que la ley exigía un proceso investigativo para ver a fondo los hechos, ya que una persona había perdido la vida. Estos tenían razón — la ley exigía la detención de los turistas. Pero, si la autoridad lo hubiera hecho, es casi seguro que el negocio de los cruceros hubiera desaparecido de Limón; para bien de todos el sentido común prevaleció. El pistolero ya tenía antecedentes, había testigos del asalto, y los visitantes se fueron sin más trámites.
El mes pasado, llegó un barco de la marina estadounidense a Limón y la tripulación tenía la intención de hacer obras humanitarias en una escuela de la ciudad. La Ministra de Salud prohibió la entrada a la ciudad, si los tripulantes no llenaban una hoja que relataba su situación de salud frente al virus H1N1. Ella tenía toda la razón y la ley la amparaba. El comandante del barco dijo que él tenía prohibición legal de divulgar los nombres de los tripulantes por razones de seguridad, y ofrecía llenar una declaración jurada de que todos gozaba de buena salud. El tenía la razón y la ley estadounidense lo amparaba a él. La Ministra rechazó la oferta, y el barco zarpó sin haber llevado a cabo las obras humanitarias. La escuela limonense, sin duda en necesidad de mejorías de infraestructura frente a un presupuesto limitado, no pudo recibir lo que añoraba. En este caso no prevaleció el sentido común, y fueron los educandos de la ciudad los que sufrieron las consecuencias.
Los expertos en derecho dirán que rápidamente colapsaría una sociedad donde cada habitante interpretara la legislación a su manera, y tienen razón. Pero también es posible ser demasiado apegado a los reglamentos; hay más de uno que considera que Costa Rica está sufriendo de una arteriosclerosis legal tan pronunciada que se presentan todo tipo de aberraciones. Ejemplos abundan, como es la frecuencia en que se escucha de la liberación de narcotraficantes donde los jueces en el mejor de los casos padecen de sentido común, pero que se apegan a la ley.
Mientras que se resuelve este debate, ¿no sería posible hacer algo para Limón? ¡Nunca se oyen noticias positivas de esa ciudad! ¿Qué es lo que pasa?

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