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Las causas del pesimismo


Para una población como la costarricense, históricamente acostumbrada a constituir una amplia clase media, en un país de paz con distribución de la riqueza, acceso a la educación, salud y empleo, entre otros, diferenciándose justamente por ello de las otras naciones del área centroamericana, en donde la brecha social fue siempre amplia y se generaron guerras internas, no es fácil aceptar la actual situación.
Hoy el informe Latinobarómetro 2008 muestra a los ticos golpeados por la crisis económica, asustados por la creciente delincuencia y, por primera vez, en el extremo menos optimista de los 18 países evaluados, según lo informa LA REPUBLICA del sábado.
Es preocupante lo que revela esta radiografía del sentimiento costarricense ya que mucha gente atribuye la falta de contención de la inequidad y la inseguridad al sistema democrático, en vez de ubicarlo en fallas que se produjeran en su aplicación.
LA REPUBLICA reiteradamente en este espacio y en reportajes abordó la preocupación a lo largo del presente año sobre la ampliación de la brecha entre ricos y pobres, el deterioro en servicios vitales como el de salud, educación, empleo y seguridad ciudadana.
El mayor capital con que cuenta Costa Rica es el de sus recursos naturales y su gente. Pero en cuanto al grado de educación de su pueblo, esto se debe a la considerable inversión hecha durante la segunda mitad del siglo pasado, que imprimió un fuerte impulso y logros de los que aún se benefician el país y los inversionistas que deciden establecer operaciones en el territorio nacional.
No obstante, el descuido en esa inversión y la creciente brecha social de los últimos tiempos deterioraron considerablemente la calidad de vida de los nacionales poniendo en serio peligro la competitividad del país y sumiendo a las personas en el pesimismo.
Los factores que han llevado a los costarricenses a sentirse tan mal deberían modificarse sin más demora para que el daño sea el menor posible y, por otra parte, la situación de la crisis económica actual debe servir para encauzar la vida nacional pública y privada por un sano y restaurador camino de esfuerzo, honestidad y ahorro.
Lo anterior debe alcanzar desde las autoridades que administran el país hasta cada ciudadano en su ámbito más cercano laboral y familiar.
No debe crecer el pesimismo en Costa Rica. Por el contrario, se necesita una buena dosis de optimismo, energía y fe en el futuro para salir adelante de la crisis con trabajo, transparencia y tesón.
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