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Las bandas cambiarias

Luis Carlos Mora
Director Corporativo de Finanzas
Banco Nacional


El actual diseño de bandas cambiarias muestra dos aspectos esenciales que pueden evolucionar hacia el contagio de dos de las posibles enfermedades que podría aquejar a una economía como la costarricense.
El piso de la banda tiene un valor fijo de ¢500 por dólar, con lo cual, la revaluación del colón queda limitada a ese nivel y por tanto, la “enfermedad holandesa” allí quedaría detenida y, al menos por ahora, no puede hacer más daño al sector exportador. Dicha enfermedad supone que por alguna causa ajena al sector exportador, hay un fortalecimiento en las entradas de divisas a la economía lo que lleva a una caída del tipo de cambio, lo cual afecta la competitividad de este sector.
Este aspecto supone un alivio para la economía (y también para las autoridades monetarias) de la preocupación por un continuado deterioro de nuestras ventas al exterior, por aspectos puramente temporales de entradas de capital no ligadas a un esfuerzo productivo, sino a otras fuentes que van desde las que tienen carácter especulativo puramente financiero —muy asociadas con la evolución de las tasas de interés locales versus las internacionales—, hasta las que tienen que ver con la compra y venta de bienes raíces —especialmente en las zonas costeras— que poseen un límite claramente finito.
No obstante que el Banco Central limitó el grado de afectación negativa de la mencionada enfermedad al dejar el piso plano, no debe olvidarse que, en materia económica, la estabilidad en precios se consigue casi siempre de forma muy pasajera si se deja actuar al mercado (pensemos en la fluctuación en un año de cualquier mercancía que no sea de la que estamos comentando, por ejemplo, el precio de los cases en los mercados de San José en el último año). Así, un precio fijo duradero solo es posible si “alguien” con autoridad lo mantiene artificialmente, o al margen de lo que quieren y necesitan los oferentes y demandantes de esa mercancía. Está comprobado que una situación, bajo esas condiciones, estalla en algún momento, probablemente con efectos indeseables para la mayoría.
Con respecto al techo de la banda, cada día hábil se le van sumando seis céntimos de colón. En otras palabras, ese tipo de cambio creciente significa una pérdida de valor de nuestra unidad monetaria, toda vez que, cada día, habría que entregar por el mismo dólar una cantidad mayor de colones. Si bien esto apoya el esfuerzo exportador, se genera un efecto negativo para la economía (siempre el elemento costo-beneficio nos persigue) que implica otro tipo de enfermedad, cual es el encarecimiento de las importaciones.
En una economía donde prácticamente todos los bienes y servicios que se generan tienen algún porcentaje de componente importado (piénsese en mercancías que se consideren ciento por ciento nacional, su lista posiblemente podrá contarse con los dedos de las manos), ese efecto de depreciación del colón implica mayores costos y por tanto se traduce en mayores precios para el demandante, lo cual nos lleva a otra enfermedad de la economía, igualmente perniciosa que la primera señalada: la inflación.
Las dos enfermedades están “dosificadas” por el diseño actual de las bandas. Lo trágico puede ser que ninguna cura realmente exitosa admite que haya pacientes que se repongan con medicamentos que les pueden producir dolores diarios continuos o, como el caso en comentario, aunque solo sea en los días hábiles.


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