Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 2 Agosto, 2013

El mayor adversario que tiene la democracia costarricense es el abstencionismo, que amenaza con ser mayor si el generalizado enojo ciudadano se mantiene


Lanzamiento de campaña

La designación de los candidatos a la presidencia para la próxima campaña electoral me da ocasión para externar algunas reflexiones, a fin de que dicho lanzamiento no sea una vacua rutina cuatrienal, sino un acto lúcido de un pueblo en el pleno ejercicio de sus derechos y deberes democráticos. Si los ciudadanos no asumen los quehaceres políticos con la convicción de que constituyen un asunto en que está en juego la vigencia de nuestro régimen democrático, esta se ve acosada por la mayor de las amenazas, cual es aquella que viene no de afuera sino del deterioro interno de nuestros valores.
Por eso conviene arrojar una mirada sobre las novedades que se han dado en la escogencia de los candidatos que parecen tener más posibilidades de llegar a Zapote, ya que no eran necesariamente los favoritos.
La primera sorpresa fue Johnny Araya, no porque no fuera un fuerte precandidato dado que es muy conocido, tanto como figura pública en su condición de alcalde capitalino por más de 20 años, como por haber sido el principal contrincante de Laura en la contienda pasada al interior de Liberación.
Lo novedoso ahora fue el retiro de todos los precandidatos de ese partido, especialmente de los dos que se suponía eran al menos tan fuertes como el propio Johnny. Sin embargo, acaba de ser investido como candidato sin que se hubiera dado lucha interna en las tiendas verdiblancas, pues sus oponentes se habían retirado.
Paradójicamente, toma distancia del oficialismo, no solo en su discurso al asumir la candidatura donde pidió que no se le confundiera con el actual gobierno dada la absoluta impopularidad del mismo, sino que no se cansa de insistir en que en un eventual gobierno suyo buscaría colaboradores incluso de otros partidos.
En cuanto al Dr. Hernández, fue sacado de la manga (¿de Junior?) como un conejo del sombrero de un mago, lo cual parece ser habitual en las filas de ese partido, pues lo mismo hicieron con el profesor Trejos Fernández.
En cuanto a Luis Guillermo Solís, no aparecía en las encuestas como favorito, lo cual pone en entredicho la objetividad, por no decir otra cosa, de las mismas; aunque allí hubo suspenso hasta el final porque el triunfo de Solís se dio por estrecho margen. Mérito del PAC es haber demostrado una real voluntad de renovación superando la tentación del caudillismo.
Pero el mayor adversario que tiene la democracia costarricense no está en las tiendas partidarias sino fuera. Es el abstencionismo, que amenaza con ser mayor si el generalizado enojo ciudadano se mantiene.
Los candidatos tienen el reto de fortalecer nuestra debilitada democracia. Para ello deben convencer a ese abultado sector de que ellos y su partido encarnan una auténtica vocación de lealtad y servicio a los mejores valores que han hecho grande a la pequeña Costa Rica.
Más aún, todos los ciudadanos tenemos el deber patriótico de levantar la voz para que esta campaña sea ejemplar, de modo que los millones que con nuestros impuestos se gasten en la misma la conviertan en una escuela de civismo y no en una muestra más de la degradación a que ha llegado la actividad política en nuestro medio.

Arnoldo Mora