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Jueves 6 Mayo, 2010


Cuando los $137 millones se hayan gastado, nos encontraremos con una situación social en Limón de graves consecuencias, con 1.500 desempleados más en la ciudad y unos muelles que producirán enormes dividendos para unos cuantos, mientras la población trabajadora, juntará migajas del suelo como producto del pago de un salario mínimo

La violencia en Limón

Las protestas en Limón son la culminación del sentimiento de frustración que alberga a diversos grupos de la sociedad y los ciudadanos en general.
El Puerto más importante y estratégico para la economía del país, lo entregaron en “bandeja de plata” a los intereses de los grupos del poder económico. Cerraron el ferrocarril para que el transporte por carretera sirviera de usufructo a unos cuantos.
El transporte aéreo lo minimizaron para no restarles ingresos a las transnacionales del transporte terrestre.
La Ley de Zonas Francas que tenía como prioridad la instalación de fábricas alrededor de los muelles, lo aprovecharon los mismos grupos para instalarlos en sus propiedades, alrededor de sus hogares, sus clubes sociales y su fastuoso entorno. No invirtieron para actualizar la infraestructura nacional, menos las que se encuentran en Limón, ni exigieron a las juntas directivas de Japdeva responsabilidad en el cumplimiento de su deber para que a través de esa institución se alcanzaran las condiciones de desarrollo que creara empleo y servicio portuario de calidad. La ciudad de Limón, sus habitantes se encuentran postrados en la miseria, hambre y pobreza. La concesión de los muelles no creará empleo, progreso, ni menos bienestar para la población en general.
No estamos de acuerdo con los actos suscitados hace pocos días. Eso nos perjudica porque los tradicionales enemigos de Limón lo utilizarán para dañar su imagen. Sin embargo, los que condenan esos sucesos, son los más responsables de lo acontecido, porque participaron y aplaudieron la actitud antidemocrática e infame perpetrada contra una junta directiva, legítimamente elegida y despojada de sus credenciales por no compartir la decisión de ceder los muelles.
La violencia es tan mala consejera como los que en la oscuridad promovieron este golpe. Lo reiteramos, al final del camino, cuando los $137 millones se hayan gastado, nos encontraremos con una situación social en Limón de graves consecuencias, con 1.500 desempleados más en la ciudad y unos muelles que producirán enormes dividendos para unos cuantos, mientras la población trabajadora juntará migajas del suelo como producto del pago de un salario mínimo.
Entonces, será la historia la que juzgará a los que se prestaron para el golpe y la entrega de los muelles, los beneficios sociales de los trabajadores y trabajadoras, a la desaparición de Sintrajap y el bienestar de los limones

Gilbert Brown Young
Secretario General Sintrapequia