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Sábado 14 Enero, 2012

La verdad no se extingue

Tras una extensa y detallada investigación abierta desde 2008, el Ministerio Público solicitó un desestimiento a mi favor a propósito del asunto relativo a la ejecución de dos convenios de cooperación internacional, suscritos entre el Gobierno de la República y el Banco Centroamericano de Integración Económica.
Por respeto a la institucionalidad democrática, a la ciudadanía y a la propia Fiscalía he guardado silencio, en paciente espera a que este órgano resolviera, como lo ha hecho, la denuncia planteada.
Se cierra de esta forma la última instancia de indagación que se encontraba pendiente, arribando a la misma conclusión a la que con anterioridad llegaron tres pronunciamientos de la Contraloría General de la República, dos opiniones jurídicas emitidas por la Procuraduría General de la República y los informes mayoritarios de dos comisiones legislativas instauradas sobre el particular. En todos los casos se determinó que mi actuación en este tema se desarrolló dentro de los marcos de la honestidad, la legalidad y la normativa vigente.
La resolución del Ministerio Público ratifica con contundencia lo que muchas veces he señalado: sin importar cuánto tiempo transcurra, la verdad no se extingue, la verdad permanece. Fiel a esta convicción, tal como lo he hecho a lo largo de toda mi vida, rendí cuentas amplias de mis actos y defendí con firmeza mi buen nombre y mi honor.
El afecto y el consejo de muchos me sirvieron como apoyo fundamental en la espera para confirmar lo que siempre he tenido claro: la mentira es un arma de corto alcance que hiere temporalmente a la víctima, pero mancha para siempre al victimario.
Una vez más, y ahora de manera definitiva, se destruyen con la fuerza de la verdad las intenciones torcidas de quienes, sin pruebas, pretendieron dañar mi honorabilidad. La tozuda negativa de algunos para aceptar las evidencias de mi correcta conducta son los frutos amargos de la vieja política; una política que se escribe con minúscula, que perpetúa el atraso y que envilece las relaciones humanas. Para esa política es válido sustituir las ideas con ofensas, los argumentos con insultos y el respeto con engaños. Liberarse de esa forma de hacer política es un desafío ético fundamental. Costa Rica no puede permanecer inerte cuando unos pocos, por intereses electoreros o ambiciones desmedidas, no tienen reparo en dañar honras ajenas y provocar dolor en familias honestas y trabajadoras.
Los costarricenses estamos cansados del cortoplacismo, de los ataques personales y de la inercia política. Por eso demandamos excelencia, profundidad y eficacia en el debate público; exigimos capacidad para evolucionar, innovarse y reinventarse. Es imperativo elevar la calidad del diálogo nacional hasta convertirlo en un servicio permanente a la verdad y a la justicia, que renueve nuestro quehacer político y lo libere de la mezquindad.
Mi conciencia está libre y mi espíritu, sereno. En esta hora cobran renovada vigencia los valores que aprendí precisamente en la familia. Fue ahí donde conocí el sagrado poder del trabajo realizado con disciplina, justicia, honestidad y generosidad. Estos valores constituyen los principios de mi vida, la fuente irrenunciable de mi esperanza y son el altar donde rindo tributo a la memoria de mi padre y de mi madre. La política que juega con el honor de las personas y es indiferente al dolor que causa en nuestros seres queridos no puede vencer raíces como estas. Son las mismas raíces que han hecho grande a Costa Rica y que le permitirán construir un futuro digno.

Rodrigo Arias Sánchez
Exministro de la Presidencia