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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


La trocha que debió ser

Leiner Vargas [email protected] | Martes 21 agosto, 2012



Reflexiones:
La trocha que debió ser


El desarrollo de la frontera norte es una tarea pendiente de muchos gobiernos y muchos años atrás. La falta de acceso a caminos decentes, agua potable, electricidad, Internet y telefonía y sobre todo, infraestructura de salud, educación y seguridad hacen de esa región fronteriza con el vecino país de Nicaragua una tarea pendiente en el desarrollo costarricense.
Aunque parezca un tanto ridículo, la región se ha ganado más titulares de prensa y fotografías y reportajes en televisión e Internet en los últimos ocho meses que en los últimos 80 años. Como decía en algunas entrevistas uno de los vecinos de la zona, aunque sea producto de la aparentemente corrupta y mal ejecutada acción de la trocha, al menos ahora nos toman en cuenta y se dan cuenta de que existimos.
Efectivamente, los costarricenses del centro del país vivimos muchas veces con desprecio de nuestras raíces y no en pocas ocasiones olvidamos que el país va más allá de la región central que demarcan San Ramón y Cartago como límites naturales del Valle Central. De verdad que solo basta con salir del Centro del país para darnos cuenta del grave deterioro de la infraestructura, la escasa o nula acción del Estado en las regiones periféricas del país en salud, agua potable y educación y en general, el descuido y abandono en el que dejamos a una tercera parte de nuestros ciudadanos.
La trocha que debemos tener debe ser una vía al desarrollo regional, un camino al progreso de las comunidades de la frontera norte, un espacio para el fortalecimiento de la inversión pública en electricidad, telefonía, Internet y sobre todo, acceso a la salud, la educación y la seguridad pública con niveles de primera.
El desarrollo humano sostenible de la zona norte sería lo único que de verdad borraría la desagradable huella que han dejado en el sinsabor de los costarricenses, la falta absoluta de planificación, el desenfreno corrupto de empresarios y políticos involucrados y sobre todo, la incapacidad para rendir cuentas y poner con firmeza los culpables ante la ley.
La trocha debió ser un Estado capaz de ejecutar obras y de hacer rendición de cuentas sin comisiones que pierden su agenda y sus minutas de trabajo, sin mandos medios que se ocultan para no dar la cara y responder con claridad ¿de quién? y ¿cómo? se giraron las órdenes, de empleados públicos que no vieron ni miraron nada, ni advirtieron a tiempo lo que pasaba.
La trocha es, aún, la gran oportunidad del gobierno de la presidenta Chinchilla de demostrar firmeza y compromiso con sus decisiones. Si ese dice ser su proyecto estrella de la administración debería convocar al gobierno y ejercer el liderazgo que corresponde para que al final de su mandato no queden solamente puentes destruidos y un camino vergonzoso, sino que efectivamente la zona norte pueda tener desarrollo y dignidad. Eso es lo que debió ser la Trocha.

Leiner Vargas Alfaro
[email protected]