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Diferentes servicios a la población se ven interrumpidos o retrasados por falta de contratos o trámites de diverso tipo hechos a tiempo

La telaraña que nos atrapa

La decisión de aprobar que se extendieran por seis meses los contratos con las compañías encargadas de dar mantenimiento a las carreteras no solo ha salvado a estas de empezar a llenarse de huecos, sino que puede que salve la vida a muchos vehículos e incluso a sus conductores.
Las lluvias que en nuestros largos inviernos llenan de agua esos huecos, los convierten en verdaderas trampas en las que los automotores caen, se dañan y, en otros casos, por tratar de esquivarlos, se producen accidentes.
Sin embargo, estábamos, una vez más, a punto de entrar en ese periodo en el que ha estado tantas veces San José (y el resto del país) de circular por vías saturadas de enormes baches por falta de mantenimiento. La decisión de la Contraloría en este caso es la que ha salvado la situación por el momento.
De todos modos, la pregunta de siempre queda en el aire a la espera de una respuesta satisfactoria por razonable. ¿Por qué no se inician los trámites para la renovación de esos contratos con el tiempo suficiente para que los trabajos no se interrumpan, tomando en cuenta, incluso, la posibilidad de las eventuales apelaciones?
Esto, hay que decirlo, no es un problema solamente relacionado con el mantenimiento a las carreteras. En otros casos son diferentes servicios a la población los que se ven interrumpidos o retrasados por falta de contratos o trámites de diverso tipo hechos a tiempo.
Es inevitable que el asunto caiga en la eficiencia y eficacia que se necesitan en el sector público. No puede seguir Costa Rica avanzando en medio de una telaraña burocrática que detiene o retrasa casi todo.
Pero en este sentido las preguntas tampoco tienen respuestas: ¿por qué no se nota una verdadera transformación en el funcionamiento de las oficinas públicas? ¿Por qué no ha sido atacado ese mal cuya cura podría significar tanto para la buena marcha de todo en el país?
Mientras eso no ocurra, seguiremos atascados en contratos mal hechos, renovaciones a destiempo, problemas por falta de controles, imprevisiones… y un ejercicio que consume mucho tiempo y recursos: echarles la culpa a otros.
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