Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 11 Octubre, 2016

Declarar competencia efectiva en un mercado capturado por las empresas actuales de telecomunicaciones es como bajar la guillotina para terminar de ahorcar al consumidor

Reflexiones

La Sutel ha sido capturada

Internet, y en particular el servicio de datos través del celular, se ha convertido en el bien de interés público de mayor demanda en la sociedad del aprendizaje del siglo XXI en la que vivimos. Sí, definitivamente, el mundo de la sociedad 3.0 tiene como fundamento el uso intensivo de los datos y de las comunicaciones vía Internet, el medio más barato y en el que converge la mayoría de los servicios de telecomunicaciones en la actualidad. Por esa razón, en las naciones más avanzadas existen ya iniciativas para convertir Internet en un bien de acceso público universal y procesos, para llevar a cero el cobro marginal por el uso de los datos a través de los distintos dispositivos móviles, garantizando un cobro racional por el acceso o tarifa fija de pago del servicio, que cubra el costo de oportunidad de las empresas de proveer la infraestructura y el soporte de la misma.
Con la llegada de la tecnología 5G, Internet de las Cosas y los servicios en la nube, lo más importante para operar las plataformas tecnológicas es contar con una población educada y tecnológicamente preparada para usar las oportunidades que brinda Internet al mundo de los negocios, el trabajo, el transporte, la educación, la salud y por supuesto, la recreación. Solo basta con preguntarles a sus hijos: ¿Cuánto tiempo pasa en el celular? y ¿Cuáles son las cosas más importantes que realiza en el día? Empero, si bien el uso y costo de la Internet móvil es un bien de gran importancia para el desarrollo social y humano en el siglo XXI, no está objeto del desmedido interés de los grandes oligopolios internacionales de telecomunicaciones, que miran en el negocio una forma clara de acrecentar sus ya inmensas fortunas y de apropiarse de mercados emergentes, como el de Costa Rica.
La pregunta es, ¿Por qué razón Costa Rica quiere devolverse dos décadas en el desarrollo de las telecomunicaciones? Y lo que es peor, obligar a su población a pasar por las barreras comerciales y del servicio, que han desgastado y usurpado los recursos de la población de casi toda América Latina en las últimas dos décadas, si las tecnologías 4G y 5G garantizan un costo marginal de casi cero por el uso de los datos y una gran oportunidad, para la expansión de los servicios de Internet en la nube y en general, el crecimiento económico y la competitividad del país. Pero si esto no fuese intrigante, la situación de Costa Rica es aún más dramática, dado que es la empresa pública más emblemática del país, el ICE, el que apunta sus baterías para comportarse como un clásico oligopolista líder en explotar al consumidor nacional, algo que es contradictorio con el sentido social estratégico que siempre ha privilegiado dicha empresa. Intentaré en los siguientes párrafos, explicarles estas tres paradojas, que en lo sustancial tienen que ver con un problema de diseño regulatorio del sector, las pésimas decisiones corporativas de la última década por parte del ICE y una inminente captura del regulador Sutel, por las empresas que proveen el servicio hoy en día.
El problema de fondo es la forma en como se pretende regular los servicios de Internet y muy en concreto, los servicios de datos para celulares pre y pospago. Desde hace tres años se han venido cambiando las reglas del juego de Internet móvil a favor de las empresas de telecomunicaciones: ICE, Movistar y Claro, para garantizarles el cobrar precios dinámicos en el mercado de datos y asegurarles así, rentas cuasi-totales del excedente del consumidor costarricense, que sobre todo en la clase media y media alta, presenta una gran ansiedad y demanda de datos a través de Internet móvil. Se ha desvirtuado el control de calidad de las ofertas iniciales de las empresas entrantes al mercado, permitiendo operar con calidades muy por debajo de los parámetros negociados en los contratos de ingreso. De igual forma, a pesar de tener tarifas topes que cubren más de diez veces el costo del servicio de datos en telefonía prepago, las empresas continúan brindando servicios de tercera clase a los usuarios y cobrando excesos en costos por descarga de datos, sin mostrar interés en competir efectivamente, como sucedería en un mercado adecuadamente regulado.
En el caso de los contratos permanentes pospago, la calidad ha sido disminuida a un punto que el servicio se ha deteriorado y estamos convirtiéndonos en el benjamín de Internet móvil en el mundo. Este fenómeno es a todas luces extraño, conociendo las características de la red costarricense y las condiciones que ofrecen las empresas relevantes en otros mercados similares en Centroamérica. Se trata de la clásica estrategia corporativa de que, “si no me dejan jugar con mis reglas, entonces me llevo la bola”. Así las cosas, mientras la Sutel está más ocupada del Fonatel y de las pequeñeces de afrontar su incapacidad técnico-económica para regular el mercado, los operadores han planteado un discurso extremista de que sin tarifas dinámicas o tarifas a la libre, como ahora llama Sutel, no pueden invertir en ampliar su cobertura y calidad del servicio. Esto es un argumento ajeno a la realidad tecnológica del país y simplemente, es una excusa para no cumplir las condiciones de inversión pactadas en el marco de la apertura y por supuesto, salirse con la suya de explotar el excedente del consumidor costarricense.
Pero, ¿por qué razones el ICE juega ese mismo cuento siendo una empresa pública? Si los datos financieros de la institución fuesen públicos y los fracasos tecnológicos de los últimos años fuesen ventilados por algún informe de la Contraloría General de la República, lo sabríamos. Pero claro, con datos ocultos, todo pareciera estar calmo. Es un secreto a voces la pésima condición del ICE Telecomunicaciones en materia financiera y la necesidad que tiene de apuntalar la captura de las rentas de los consumidores, usted y yo, por aquello de que no se dé cuenta de lo que le hablo, para poder tapar los huevos de sus decisiones corporativas erradas. Requieren el cobro por descarga no para hacer la inversión, sino para poder cubrir las pésimas decisiones tecnológicas de casi una década. Es así como, el que fuese un monopolio benevolente y socialmente incluyente, es hoy el factor central o empresa líder del mercado, que pretende hacer pagar a los consumidores costarricense la factura de sus fracasos e ineficiencia.
El costo de los datos en tecnologías móviles 4G es un décimo del costo de los datos en 2G y cerca de cinco veces menos que la tecnología 3 y 3.5 G, que tenemos en el país. Las empresas ya han pasado a la tecnología 4G a una buena parte de sus clientes y lo único, que se debe hacer es garantizar que dichas tecnologías se generalicen y se terminen de implementar con la mayor rapidez y eficiencia posible. Declarar competencia efectiva en un mercado capturado por las empresas actuales de telecomunicaciones es como bajar la guillotina para terminar de ahorcar al consumidor. Es como entregarle la llave del gallinero a un zorro y pretender que se comporte. Es absurdo, económicamente incorrecto y socialmente indeseable lo que propone la Sutel al país para esta Navidad y Año Nuevo. Es una lastimosa señal de claudicar ante la desesperada angustia de no poder justificar técnicamente una regulación que baje los precios tope de los servicios regulados, tal como se propuso cuando el modelo regulatorio se inicio en la Sutel y tal como se prometió cuando se pasó el famoso acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Ningún economista decente podría argumentar a favor de la competencia efectiva en un mercado de servicios pre y pospago como el costarricense, con un tamaño tan estrecho, con tres empresas claramente coludidas en sus estrategias de precio y con una clarísima incompetencia de la Sutel, para garantizarle al consumidor la calidad del servicio que prometen los contratos de las empresas. Así las cosas, los consumidores costarricenses estamos ante un desamparo total.
Creo que de pasar esta regulación propuesta por la Sutel, como regalito de Navidad para los operadores en este año, que contradice lo dicho en reportes anteriores y que además, se contradice al analizar los mercados de servicios prepago y pospago, como consumidor y como costarricense, no tengo más remedio que pedir la renuncia inmediata de los miembros del Consejo de Sutel, solicitar la corrección a la mayor brevedad posible de la ley de la Sutel por nuestros diputados y una amplia discusión nacional e intervención efectiva del ICE telecomunicaciones, a sabiendas que lo que podríamos encontrar ahí, sería tanto o más elocuente que lo que hemos visto en otras empresas como Recope en el pasado reciente.
Espero que nuestros diputados en la Asamblea Legislativa y los ministros de la presente administración involucrados en el asunto tengan la capacidad de enfrentar este tema, que será sin duda alguna crucial en la Costa Rica del presente siglo. No actuar ahorita y esperar a la autopsia dentro de una década, sería errado, indignante y poco ético para el país. Como dice un viejo párrafo de uno de los libros históricos más leídos del mundo, la Biblia, “el que tenga oídos que oiga”, dejar pasar este elefante blanco será un claro fracaso de la democracia costarricense de principios del siglo XXI, atajarlo a tiempo y readecuar la institucionalidad para corregirlo, será sin dudas un éxito más de la Costa Rica, por la que sigue valiendo la pena vivir.

Dr. Leiner Vargas Alfaro
Economista
www.leinervargas.com