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La radiación y sus efectos en la salud
El yodo, el estroncio 90 y el cesio son algunos de los contaminantes más perjudiciales, pues aumentan el riesgo de padecer todo tipo de cánceres y disminuyen la inmunidad del organismo


El Gobierno de Japón aseguró ayer que el nivel actual de radiación más allá del perímetro de 20 kilómetros ya evacuado alrededor de la central nuclear de Fukushima no supone "un riesgo inmediato para la salud".
El terremoto de 9 grados en la escala abierta de Richter y el posterior tsunami que asolaron Japón el pasado 11 de marzo dañaron gravemente la central nuclear, lo que ha alimentado el temor a que se produzca una fuga radiactiva masiva.
El ministro portavoz, Yukio Edano, aseguró ayer que el nivel de radiactividad entre los 20 y 30 kilómetros de la central, donde se ha pedido a los residentes que permanezcan en casa con las ventanas cerradas, no conlleva efectos perjudiciales directos.
La liberación de grandes cantidades de material radiaactivo tiene graves efectos sobre la salud y la radiación no se ve ni se huele, como expresa el radiobiólogo español Eduard Rodríguez-Farré.
En el núcleo de un reactor nuclear a partir de la fisión del uranio, existen más de 60 contaminantes radiactivos, unos de vida larga y otros de corta, que se acumulan en él, por ser parecidos a nuestros elementos biológicos.
Entre ellos, el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137) son algunos de los contaminantes más perjudiciales para la salud humana, que aumentan el riesgo de padecer todo tipo de cánceres y disminuyen la inmunidad del organismo.
La afección del yodo es inmediata, provoca mutaciones en los genes y aumenta el riesgo de cáncer, especialmente de tiroides.
El cesio se deposita en los músculos, mientras el estroncio se acumula en los huesos, durante un periodo mínimo de 30 años. Ambas sustancias multiplican la posibilidad de padecer cáncer de huesos, de músculos o tumores cerebrales, entre otras patologías.
Las radiaciones afectan también al sistema reproductivo, más a las mujeres que a los hombres. Los espermatozoides se regeneran totalmente cada 90 días, sin embargo, los óvulos permanecen en los ovarios toda la vida y si un óvulo es alterado por la radiación y fecundado posteriormente, se producirán malformaciones en el feto, incluso años después.
Cuando la principal vía de contagio es la inhalación, solo es efectivo ingerir pastillas de yodo.
El tiroides va eliminando el yodo sobrante y de esta forma, cuando se satura de yodo normal puede ir eliminando el yodo radiactivo inhalado.
Si el contacto es a través de la piel, se elimina lavándose con detergente tanto el cuerpo, como el pelo y las uñas, y desechando la ropa.
La unidad de medida de la intensidad de la radiación es el gray (Gy) que cuantifica la dosis absorbida por el tejido vivo. Un gray equivale a la absorción de un joule de energía ionizante por un kilogramo de material irradiado. Esta unidad se estableció en el año 1975.
A partir de la acumulación de un gray de radiación en el cuerpo humano, se produce malestar general, dolores de cabeza, náuseas, vómitos, fiebre y diarrea.
Entre dosis de 3 y 5 grays, el equivalente a lo que se suele utilizar en tratamientos de radioterapia, se producen hemorragias, anemia e infecciones por la disminución de glóbulos blancos.
Al superar los seis grays, se puede originar la muerte en unos días o en solo unas horas, debido a que los efectos de la radiación son acumulativos.
Con dosis de más de 15 grays se produce inevitablemente la muerte.

Tokio / EFE


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