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Miércoles, 19 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


La policía de fronteras

| Viernes 04 febrero, 2011


La policía de fronteras

Con ocasión de la situación creada por la injustificada invasión de Nicaragua al territorio nacional, y sobre todo ante la correcta decisión del Gobierno de restablecer la Policía de Fronteras, se han dicho y publicado una serie de inexactitudes y falacias que creo importante aclarar.
En primer lugar el Gobierno no está creando la Policía de Fronteras. Ese cuerpo de hecho fue creado en 1979 como podrá comprobarse revisando la página 134 del Informe de Labores que en cumplimiento del Mandato Constitucional envié a la Asamblea Legislativa para el periodo 1979-1980. Posteriormente, y ya no de hecho sino de derecho, se ratifica su existencia cuando se aprobó la Ley 7410 del 20 de mayo de 1994 (Ley General de Policía) y que en su artículo sexto, denominado “Cuerpos” se menciona específicamente la Policía de Fronteras.
Nadie está creando este cuerpo policial. Lo que el Gobierno ha anunciado hacer, y que es correcto, es restablecerlo ya que en las postrimerías del Gobierno de don Oscar Arias se desmanteló esa unidad. Que nadie pretenda adjudicarse la idea de tener un cuerpo especializado y debidamente capacitado y equipado para defender nuestras fronteras.
De igual manera, se ha querido insinuar que ese cuerpo implica militarización y va en contra de una exagerada y mal fundamentada concepción de lo que algunos llaman el “pacifismo costarricense”. No es cierto que siempre hayamos sido pacifistas, históricamente los costarricenses en infinidad de ocasiones recurrimos a las vías de hecho y a las guerras fratricidas o intentonas armadas para resolver situaciones esencialmente políticas que normalmente se debieron haber resuelto por otras vías.
En la práctica desde 1821 hasta 1955 nunca pasaron veinte años sin que se diesen hechos violentos que por alguna razón pareciera no formaron parte de la enseñanza de nuestra historia o los hemos olvidado consciente o inconscientemente.
En otra oportunidad me referiré a ese tan cacareado y falso “pacifismo costarricense”. Hoy me concretaré al problema de la defensa de nuestra soberanía y nuestras fronteras.
Sin violar la Constitución ni crear un ejército, en el Gobierno de don Rodrigo Carazo siendo yo Ministro de Seguridad y Gobernación, cuando fuerzas militares somocistas bombardearon nuestro territorio el 12 de setiembre de 1978, se activó de hecho la Reserva Nacional (al igual que a la Policía de Fronteras la Ley General de Policía de 1994 le dio estatus legal y permanente a esta reserva) y se preparó y capacitó gente para la eventual defensa de nuestra integridad. Con gobiernos amigos se consiguieron desde aviones bombarderos a reacción, hasta baterías antiaéreas y otros equipos necesarios. Terminada la crisis todo lo que se nos prestó se devolvió a los países que nos los habían suministrado.
Cuando fuimos atacados respondimos como correspondió e inclusive en diciembre de 1978 capturamos cerca de Los Chiles una patrulla de once guardias nacionales de la Escuela Básica de Infantería que dirigía el hijo de Anastasio Somoza.
No se trata de exacerbar los ánimos ni mucho menos llamar a las armas, pero bien lo dice un popular refrán que afirma que “en guerra avisada no mueren soldados”.
Prepararse responsablemente, como pareciera que quiere hacerlo el Gobierno, es lo correcto y procedente. Somos muchísimos los ciudadanos que, desde nuestras posiciones y según nuestras capacidades, estamos dispuestos a brindar todo el apoyo necesario. Somos legalistas y civilistas y la inmensa mayoría nos sentimos muy orgullosos del gesto de don Pepe Figueres al disolver el ejército, pero estar preparado para defender lo propio no es crear un ejército. Nadie quiere un ejército, pero sí creemos que debe haber una Policía de Fronteras como la que se creó cuando fui Ministro de Seguridad y Gobernación 1979 y se ratificó en la Ley de 1994.
Que no nos pase lo que dice la historia que le pasó al Califa de Granada cuando llorando huía de su ciudad que había caído en manos enemigas y que su madre que le acompañaba le dijo: “No lloréis como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Juan José Echeverría Brealey
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