Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Febrero, 2015

Vemos la paja en ojo ajeno e ignoramos la viga en el propio y terminamos víctimas de esta sangría de las arcas públicas


De cal y de arena

La piñata tica

A juzgar por la dimensión y profundidad de los privilegios que con cargo a los presupuestos públicos han acuñado aquí los grupos de presión, la piñata con la que se han enriquecido los usufructuarios del poder en Nicaragua es cosa pálida.
El escandaloso régimen de gollerías que acompaña la paga de la cúpula que administra los bancos públicos es un eslabón más de esa cadena forjada para deleite de unos cuantos, se repite en Recope, en Japdeva, en las universidades del Estado, en el régimen de pensiones de los exdiputados, también en el Poder Judicial (con 52 años de edad el flamante Ministro de Seguridad Pública ya está pensionado por este Poder), en el Ministerio de Agricultura donde más de una centena de jefaturas de regodean con una paga inflada por la razón de ser jefe aunque sin existir subordinados bajo su mando.


Los guardias civiles llamados a preservar el orden público en estos tiempos de azote del hampa y el crimen organizado, ganan entre 400 mil y 500 mil colones al mes; pero quienes custodian los predios universitarios pasan del millón de colones.
No se quedan atrás las legiones de chupópteros que en el otro lado del arco se las han ingeniado para que el Estado les provea el amparo de los denominados “escudos fiscales”. Todo es legal, nada ha entrado al reino de estos cielos contra la ley aunque quién sabe cuánto habrá contra la moral y la ética.
Vemos la paja en ojo ajeno e ignoramos la viga en el propio y terminamos víctimas de esta sangría de las arcas públicas. Incluso quienes momentáneamente gozan de los privilegiados, cuando la ubre se seque y llegue la factura de la bancarrota del Estado. Inevitable si no hay una rectificación de fondo, algo que parece muy distante de las probabilidades vista la inercia de nuestros gobernantes, políticos y dirigentes sociales con poder para emprender el camino del cambio.
En el otro lado de este espectro está la Costa Rica olvidada, marginada, excluida, por la que habla el deterioro del capital social que se expresa en el desempeño negativo en términos distributivos visible en el aumento de la desigualdad del ingreso, el estancamiento de la pobreza y la mayor brecha entre ricos y pobres, como lo recalca el XX Informe del Estado de la Nación.
Estos desequilibrios —lo dice— se originan en las condiciones de un mercado laboral en el que hay mucho que hacer por el lado de las políticas de empleo, del fomento a la producción y de la capacitación de la fuerza de trabajo.
La pobreza agobia a un 20% de la población, más del 6% está en pobreza extrema, el desempleo abierto ronda el 10% y un 60% de los trabajadores carece de todo tipo de protección de la seguridad social.
¿Cuánto y hasta cuándo aguantarán los marginados compartir la sociedad con los usufructuarios de la piñata tica? Evidentemente, no hay fisco que lo aguante ni sociedad que sobreviva ad infinitum al padecimiento de las secuelas de la sangría. ¿Quién va a enfrentar los círculos de poder beneficiarios de este privilegiado tratamiento?