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Martes 13 Octubre, 2009

La otra cara de la droga

El problema de la droga va más allá de ser un asunto exclusivamente policial; la raíz del problema estriba en varios factores, uno de ellos es su alto consumo. Debemos preguntarnos qué motiva a buena parte de la población a sumirse en este flagelo que castiga no únicamente al adicto, sino también a familiares y amigos, afectando al país en general.
El tipo de sociedad que hemos creado se desvive por la fama y el dinero, sin importar el precio que se pague —o le paguen— por conseguirlos. Hemos desplazado la fe en Dios hacia el hombre; el resultado salta a la vista: la inseguridad es abrumadora, los vacíos personales son cada vez más profundos. Se perdió la simplicidad y reina la indiferencia.
La descomposición en muchos hogares y centros educativos es deplorable como consecuencia de la falta de valores familiares; hay abandono en materia preventiva de parte de nuestros educadores y de las autoridades respectivas.
La importancia que le damos a la riqueza material está falseada por realidades que no podemos ocultar; la valía del dinero con el tiempo decrece, de la misma forma que nuestros valores declinan en una sociedad temerosa y sin rumbo. Nos convertimos en víctimas y victimarios, gracias a la idolatría que le profesamos al materialismo, cuyos principios se asientan en la vanagloria, la angustia y el miedo.
Si la esperanza y el amor al prójimo han devenido en un género difícil de encontrar, ahí, en ese vacío, quedan atrapados miles de conciudadanos quienes tratan de aliviar el desasosiego que sufren refugiándose en las drogas.
El deseo de poseer dinero fácil y la total carencia de valores, han conquistado la codicia del narcotraficante, quien postra a su víctima haciéndola esclava de la adicción. En muchas ocasiones hemos visto a jóvenes devastados en nuestras calles, humillados por el escarnio de los transeúntes y olvidados por las instituciones que tienen el deber de velar por ellos. Los prostíbulos abundan, marchitando a muchas mujeres, quienes son despojadas de toda virtud al caer en poder de las redes que trafican con ellas. No esquivemos nuestra culpa; de alguna manera somos copartícipes de su condición gracias a la indiferencia que mostramos frente a esta dolorosa realidad. ¿Qué ocurrió con aquellos costarricenses solidarios y compasivos?
Nuevamente, una pandilla de asesinos de la peor calaña ha invadido nuestra patria, les corresponde a las autoridades pertinentes dictar con claridad las directrices a seguir a la población civil. Descubrir y denunciar al delincuente es una obligación ciudadana.
Demostremos que si bien algunos conspiradores se venden, nuestra constante histórica es otra; siempre hemos castigado duramente la traición.
El gobierno y las autoridades a cargo no pueden pretender ganar esta lucha apoyándose únicamente en las pocas herramientas con que cuentan. Uniéndonos como sociedad lograremos acabar con este flagelo. El fiscal general afirmó que buena parte del país está en poder del narcotráfico, recuperemos el terreno cedido heredándoles a nuestros hijos una patria libre de lacras.

Jorge Castro Guardia
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