Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 8 Julio, 2010


De cal y de arena
La opción nuclear en el Golfo de México


Más allá del accidente ocurrido el 22 de abril anterior en la plataforma Deepwater Horizon, del que se ha informado con profusión por el monumental derrame de petróleo provocado y hasta ahora incontenido, un estudio de reputados científicos del Instituto Shirshov de Oceanografía de Rusia nos lanza de lleno a una realidad escalofriante. Un grupo de oceanógrafos de este Instituto, encabezado por una autoridad en la materia, Anatoly Sagalevich, ha advertido de que el fondo marino del Golfo de México ha quedado fracturado “irreparablemente” y que el mundo entero debe comenzar a prepararse para un desastre ecológico “más allá de toda comprensión” a menos que se emprendan “medidas extraordinarias” para detener el flujo masivo de petróleo.
Según este reporte que ha logrado escapar al secretismo propio de estos acontecimientos tras vencer poderosas barreras y que se ha resumido en The Telegraph, en Komsomolskaya Pravda, en sitios de Internet y en otros medios el derrame petrolero no está saliendo solamente del pozo de 22 pulgadas de que se ocupa la televisión sino de por lo menos otros 18 sitios montados en una falla tectónica que se ha movido sobre el fondo marino fracturado. Se especula que si el desalojo de petróleo sigue incontenible, podría formarse una inmensa cavidad que terminaría provocando el hundimiento de la corteza y un violento y masivo movimiento de aguas capaz de generar tsunamis.
Mientras se llega a este punto, el crudo va a contaminar la Corriente del Golfo y luego la Corriente Oceánica, lo que lo llevaría por todo el mundo con un efecto depredador. Depredador, sí, sobre la naturaleza, la economía, la propia British Petroleum y cuidado si no sobre Obama. Aunque algunos dispositivos mecánicos están tratando de bloquear la salida existente, esto no podría detener el flujo por la grande e incontrolable presión.
¿Opciones? Científicos rusos y estadounidenses indican la detonación nuclear, como la que la URSS empleó para apagar exitosamente pozos de gas y petróleo. Dejar que se sequen los pozos tomaría 30 años y arruinaría un gigantesco sistema de vida. De un modo u otro, subsisten los cuestionamientos sobre los efectos de los venenos para la dispersión del petróleo usados por BP y que con la agitación de las aguas, principalmente si hay huracanes, podrían alcanzar las nubes para caer después como lluvia tóxica.
Solo por la reputación de los autores del estudio, del Instituto Shirshov y de la Academia Rusa de Ciencias, y por los científicos estadounidenses luego involucrados, y porque de ello conocen el Kremlin y la Casa Blanca, cabe decir que no es “un batazo”. Fue la British Petroleum la que contrató a Sagalevich y a su equipo. El tiene el récord mundial de buceo profundo en agua dulce y experiencia en inmersión profunda con los vehículos MIR1 y MIR2 capaces de hundirse hasta 6.000 metros.
La acuciosidad de nuestro compatriota, el oceanógrafo Guillermo Quirós, lo puso tras la pista de este científico y del Instituto Shirshov
de la Academia Rusa de Ciencias no hace falta para verificar el grado de confiabilidad. Las referencias que recogió no dejan margen a dudas. Esto es espeluznante.

Alvaro Madrigal