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Viernes 8 Noviembre, 2013

El potencial bioeconómico del país es alto, lo importante es cómo pasar del potencial a la acción


La nueva bioeconomía

Cada vez hay más evidencia del agotamiento de los combustibles fósiles y podemos hablar del fin del petróleo barato. Este tardó miles de millones de años en acumularse y hoy se consume a una tasa insostenible, que provoca grandes problemas de contaminación y cambio climático global.
Dentro de una o dos generaciones, una humanidad con más de 9.000 millones de habitantes, con mayor esperanza de vida y mayor renta per cápita estará demandando más alimentos, más agua, más energía y mejores servicios. Esto impondrá uno de los mayores desafíos que enfrentará el colectivo humano: ¿cómo satisfacer a más con menos, cuidando la naturaleza y siendo rentable? Algo tendrá que cambiar en el modelo actual.
Difícilmente se podrá superar el reto de un desarrollo sostenible en el planeta sin una transición a una economía más amigable con el ambiente: una bioeconomía. Será difícil superar el reto sin una mayor apreciación por el valor de la biodiversidad y los servicios ambientales, sin la incorporación del conocimiento y la innovación a la producción del agro y la transformación eficiente de la biomasa en productos de alto valor agregado para la sociedad.
La bioeconomía obliga a ver hacia el futuro y trabajar por una sociedad menos dependiente de los recursos fósiles para sus necesidades de energía y materias primas, donde alternativamente se plantea utilizar la biomasa producida por plantas, animales y microorganismos para transformarla en una amplia gama de productos tales como alimentos, medicamentos, compuestos para la industria química, biocombustibles, etc.
La Unión Europea ha estimado que la bioeconomía representa un 17% de su Producto Interno Bruto, generando 21,5 millones de empleos tanto en sectores de baja como alta tecnología y creando un impacto positivo al desarrollo rural y costero. Por esto, ellos ya establecieron una estrategia de largo plazo para alcanzar una bioeconomía basada en el conocimiento para 2030.
Costa Rica es sumamente privilegiado en términos de producción de biomasa y diversidad biológica. Además, cuenta con un acervo científico y tecnológico importante que le permitiría convertir sosteniblemente esa riqueza natural en bienes y servicios de alto valor agregado integrados a la economía nacional y mundial.
En el corto plazo, será necesario articular las acciones propias del quehacer bioeconómico, hoy disperso, en sectores como agricultura y ganadería, ciencia y tecnología, ambiente y energía, economía e industria, comercio, entre otros. Será fundamental cuantificar unificadamente dentro de las cuentas nacionales los aportes de los sectores agropecuario, forestal, pesquero, agroindustrial, biotecnológico y servicios ambientales, cuya importancia relativa en el PIB posiblemente sea mayor a la prevista.
El potencial bioeconómico del país es alto, pero lo importante es cómo pasar del potencial a la acción. Aunque no existe una vía única para hacer una transición a este nuevo modelo, un eje estratégico será la incorporación de la ciencia, la tecnología y la innovación al uso eficiente de los procesos biológicos así como su conversión a productos útiles para la sociedad.
El petróleo tarde o temprano se acabará y los países que no hayan tomado medidas quedarán postergados. Quienes hayan emprendido el camino hacia la bioeconomía obtendrán ventajas seguras sobre los otros.

Keilor Rojas Jiménez

Viceministro, Micitt