La música que arma la fiesta
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La música que arma la fiesta

Tengo la impresión de que cuando celebramos el Día del Negro, cada año, quizás no tenemos plena conciencia de cuánto le debemos a la cultura afrocaribeña, no solo nosotros sino toda la costaatlántica de América Latina.Somos grandes consumidores de esa cultura. Tan bien nos penetró que hoy es parte indisoluble de lanuestra, formada, como todas, por la confluencia de muchas.
Pero veamos un par de ejemplos para aclarar mejor a qué me refiero cuando digo que no tenemos a veces plena conciencia de ello. Difícilmente seríamos capaces de animar una fiesta, en casa o en cualquier otro sitio, si no fuera por la música popular tan alegre que tanto disfrutamos. Esa que no tendríamos si no fuera porque sus ritmos llegaron con la cultura de los negros a las ciudades de nuestras costas del Atlántico, impregnaron la nuestra (indígena-española), se fusionaron y ambas se volvieron una.

Quizás la mejor demostración de esta realidad tan sentida es la aparición, hace años en San José (y luego en otras provincias), de los salones de baile Merecumbé, nacidos con el fuerte soporte teórico de las investigaciones hechas por su fundadora, la bailarina
Liliana Valle, sobre la música y el baile popular en Latinoamérica. Luego estos fueron emulados por otros
Tan poco claro tenemos aquí esas importantes influencias, que muchas veces viendo un canal internacional de televisión con deliciosas recetas de cocina hechas con leche de coco, jengibre u otros elementos tradicionales de la comida limonense, es que aquilatamos mejor su valor, o cuando vemos, como ocurrió este año, a un Derek Walcott, afortunadamente como invitado a la Feria Internacional del Libro.

CARMEN JUNCOS
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