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Probablemente la llegada de la mujer a los más altos cargos de Gobierno dependa más de los procesos sociopolíticos y a lo interno de los partidos, que de la buena, regular o mala gestión hecha por la primera en ocupar la silla presidencial


La mujer en la política

El que siete de cada diez costarricenses vean distante la posibilidad de que una mujer repita como presidenta de la República en el futuro cercano no debe extrañar.
Lo más probable es que esto, reflejado en una encuesta de la Universidad Nacional, no ocurra solo debido a un mal Gobierno hecho por Laura Chinchilla. Las causas son múltiples y reviste gran importancia el que sean bien estudiadas.
Como lo dice la nota de este medio ayer, en donde se informa sobre la citada encuesta, la misma tiene que ver con la cultura política de Costa Rica.
Pero ahora son evidentes los fenómenos sociopolíticos que vive el país. Lo vemos en la crisis interna de algunos partidos tradicionales y en el crecimiento inesperado de otras agrupaciones que lograron posiciones importantes. Algunas de ellas son bastante nuevas, como Frente Amplio, otras están reconstruyéndose mediante procesos de restauración, es decir, de volver a su ideario original.
Dentro de este acontecer que nadie podría negar porque aunque se gesta desde hace años se manifiesta con mucha claridad en esta contienda electoral, sin duda jugarán un papel relevante las mujeres.
Algunas de ellas incorporadas plenamente a la actividad de sus respectivos partidos políticos y muchas otras que, organizadas en diferente tipo de agrupaciones para resolver juntas problemas económicos y lo que de ello se deriva, podrán irse uniendo a la política a medida que descubran el significado de su participación.
Es por eso que probablemente la llegada de la mujer a los más altos cargos de Gobierno dependa más de estos procesos que de la buena, regular o mala gestión hecha por la primera en ocupar la silla presidencial.
La lucha de las mujeres por participar en todo con el mismo derecho que los varones, ha sido larga, difícil y muchas veces dolorosa. Pero hoy lo están logrando en buena medida, al menos en el mundo occidental.
En ese sentido, no importa cual sea la ideología que las anima, cual sea la forma en que piensen que se puede construir un país mejor para todos, sino el hecho de que puedan sostener inteligente y honestamente sus posiciones en el partido en que militen y de que exijan respeto.
Pero el significado de su papel en esas circunstancias, dependerá de que enfoquen cada problema nacional y su solución, desde la visión femenina (no emulando a los hombres) y con la experiencia que como administradoras han tenido a lo largo de la historia.
Podrán así constituirse en la mitad (mujeres) que se complementa con la otra (hombres), no para atacarse mutuamente, sino para construir juntos una sociedad más justa y armoniosa.
 

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