Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 25 Febrero, 2013

Yo perdono pero no olvido. Recordar ayuda a no equivocarnos de nuevo. El rencor enferma pero la memoria nos hace libres


La memoria nos hace libres

Todos los días leemos y escuchamos noticias terribles: países que impiden la expresión de sus ciudadanos y reprimen la información; estados autocráticos que limitan las libertades individuales y colectivas; lugares donde las mujeres son lapidadas por infieles y los/las homosexuales no tienen ningún derecho; gobiernos corruptos donde el lavado de dinero y el sicariato son moneda corriente; regiones donde la justicia y la transparencia son artículos de lujo.
Por dicha esas noticias no nos atañen: son de otros lugares.
Por ejemplo, el Vaticano, lejos, allá en Roma. La imagen de ancianos sabios y bondadosos, vestidos con sedas cuidadosamente bordadas y acompañados por cantos gregorianos, se deteriora día a día.
Los turbios manejos de dinero desde hace décadas, ocultamiento de pruebas y, por supuesto, serias pugnas por el poder en donde se mezclan amenazas, muertes poco claras y protección a los supuestos culpables. Ahora, en un hecho insólito en la historia reciente, las peleas entre fracciones han provocado la renuncia de un Papa.
Benedicto XVI recogió la línea de Juan Pablo II contra las teologías de la liberación; mantuvo una visión conservadora en el plano científico, político y social; se negó a la renovación de la Iglesia. Esto no molestó en el seno del Vaticano. Lo que no se le perdonó fue que abogara por mayor transparencia financiera y que destapara algunos de los miles de casos de pedofilia que fueron ocultados durante cientos de años.
Los llamados Vatileaks (la divulgación de una serie de documentos secretos de estado por parte de Paolo Gabriele, mayordomo del Papa), jugaron un papel fundamental en los últimos movimientos políticos del poderoso estado. ¿Quién orquestó esa jugada y con qué fines? Todavía está por verse. Sería ingenuo pensar que fue una decisión unilateral y caprichosa del ex funcionario, que obtuvo el perdón del Papa y ya está trabajando en un hospital pediátrico propiedad del Vaticano.
Nuestro embajador ante la Santa Sede, Fernando Sánchez, no estaba en Roma cuando se hizo pública la renuncia de Ratziger. Hombre devoto y entregado a la fe, ha dejado atrás una historia similar a los Vatileaks. Los Memoleaks podrían haberse llamado aquellos correos electrónicos que proponían acciones anti democráticas y violentas contra los opositores al Tratado de Libre Comercio. El famoso memorándum adjudicado a Sánchez y a Kevin Casas, entonces diputado y vicepresidente respectivamente, desaceleró sus flamantes carreras políticas.
Pero estamos hablando del Vaticano, del centro político, económico y ¿espiritual? de la Iglesia Católica. Un lugar donde el perdón tiene un lugar hegemónico. No importan los pecados. Basta arrodillarse y reventarse el pecho a pescozones repitiendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, para ser perdonado. Pedofilia, amenazas o traición: la humildad del perdón nos eleva… ¿a dónde?
Yo perdono pero no olvido. Recordar ayuda a no equivocarnos de nuevo. El rencor enferma pero la memoria nos hace libres.

Claudia Barrionuevo
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