Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 10 Septiembre, 2009


De cal y de arena
La mediocridad al desnudo

Ruidosa, contundente y hasta desmoralizante, la derrota de la selección nacional de fútbol por el equipo representativo de México, ha tenido la virtud de lanzarnos a bocajarro a la realidad de un deporte que entrega resultados impredecibles, a veces contradictorios y hasta con la fisonomía de lo que ha descendido a los niveles de la mediocridad. Es la acumulación de años de errores y omisiones no rectificados en los órganos rectores del balompié, en los clubes y en las políticas de Estado para el fomento del deporte. Las exigencias de calidad reducidas a la mínima expresión y la ausencia de metas difíciles pero realistas empiezan a pasar factura, una vez que los resultados ubican al fútbol nacional en la franja media del grupo CONCACAF.
Parece que perdimos la ambición de ser grandes y que nos resignamos a jactarnos de ser los mejores (¡!) de Centroamérica, fatal punto de comparación que nos delata simple y sencillamente como “los menos peores”. De la ruidosa caída (al escribir estas líneas no sé si hasta perdimos la oportunidad de disputar un puesto en la repesca) lo peor que puede suceder es que pasada la borrachera, sigamos por la misma ruta de los fracasos.

El cambio es exigible en los enfoques de los órganos rectores, en la organización de los campeonatos y en el distendido marco de participación de clubes y de jugadores que termina reflejándose en una pobre calidad... de la selección nacional también. Cuando recuperemos la sensatez y sepamos apartar la paja del grano, recuperaremos la objetividad necesaria para juzgar si estamos atrapados en la mediocridad y si hemos vivido engañados porque el punto de comparación de nuestro fútbol es el centroamericano y porque el ejercicio de la crítica ha quedado reducido a una expresión simbólica, representada por las pocas voces del periodismo independiente y objetivo.
Será preciso inmunizarse ante la maraña de intereses mercantiles y personales que revolotean en torno al fútbol para lucrar y ganar notoriedad, maraña en que se mueven algunas empresas periodísticas que quieren hacer y deshacer a su antojo. Es una grosera burla las críticas que hoy formulan quienes ayer solo dedicaban ditirambos al director técnico y a los jugadores, encubriendo lo que ahora se destapa: graves errores del primero, enardecidos rencores de los segundos e incompetencias del cuerpo asistente. Una realidad que convertida a números nos ubica en el nivel medio de la clasificación en CONCACAF, con opción o no a la repesca, según los resultados de ayer.

Esa atmósfera enrarecida que rodea al fútbol es común en otros segmentos de la vida nacional, igualmente víctimas del raquitismo que resulta cuando son asaltados por los mediocres y los ignaros a quienes tanto deslumbran la coba y las lisonjas. He ahí los partidos políticos transformados en andamios de una ambición personal. Los infortunios del fútbol, igual que los de muchos políticos y funcionarios públicos abatidos por el desprestigio, bien pudieron evitarse si las voces críticas hubiesen sido atendidas.