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Hace unas semanas, Chucky -sobrenombre familiar por su pelo rojo y las ganas de siempre asustar a su hermana menor- se convertía en la "tía Chu". La tía es un poco fuera de lo común. Tiene poco tiempo para la vida social, es activista, trabaja y estudia cómo loca. Y lo de loca, es porque aún cuando no ha sido diagnosticada como tal, se ha apartado de lo que se esperaba de ella,  por lo cual no sería de extrañar que eventualmente le dieran un flamante dictamen médico, como le suele ocurrir a las mujeres que deciden no recorrer los mandatos. Para colmo, la tía Chu escucha voces: "¿Cómo realizarse como mujer si no sos madre? Vos creés que sos exitosa pero eso no es nada si te dedicás todo tu tiempo y recursos a vos misma. Entendé que solo te estás quedando cada vez más sola y que estás siendo cada vez más egoísta. Mujer, buscate una pareja y quédate la vida entera con ella. ¡No ves que el verdadero amor dura para siempre! No vaya a ser que te lo vayás a perder por andar jugando de moderna."

Tiene casi 38 años y para este momento la gran mayoría de sus compañeras de universidad, amigas, examigas así como la gran mayoría de las mujeres de su edad están casadas y tienen hijos o hijas o están embarazadas. Tic toc, tic toc... ¡El ruido es ensordecedor! ¡El reloj avanza sin descanso y pronto no habrá paso atrás! Queda poco tiempo para reproducirse. ¿Qué hacer?

La respuesta fue menos difícil de lo esperado ya que sin darse cuenta, un día dejó de preguntarle a la vida cuántas personas quería que cuidara y empezó a decirse que su vida era de ella y que quien más que ella podría decir algo así. Así, progresivamente, todo fue en descenso: 2 embarazos  y 4 adopciones. 2 embarazos y 1 adopción. 2 embarazos, 1 embarazo. 0.5 embarazo (no es tener media persona a cargo sino la posibilidad del 50% de que ocurra). Finalmente, la edad llegó y vino la conversación de la fertilización in vitro aunque en su país fuera prohibida.

Para cuando los conejitos se anunciaron -en ese momento eran más bien ratones-, y su hermana confirmó la alegría de su venida, ella furiosamente se preguntó cómo había dejado pasar tanto tiempo. Fue cosa de tiempo, hasta que la humanidad de su hermana se hizo palpable después de la cesárea y entonces supo con certeza que para ese momento no quería a nadie a cargo... ¡Nunca! Bueno, por ahora nunca.



Con respecto al amor, la tía Chu tiene pareja pero no puede casarse. Es que en su país dicen que no todos los amores y las personas son iguales, que mejor hay que esperarse un poco para que la sociedad lo acepte y que incluso eso de pelearlo es imponerse, que mejor se espera para que pase cuando la mayoría esté lista. A ella la verdad que no le importa mucho. Nunca quiso la ceremonia del hotel y los millones de inversión pero si hubiera querido, para su amor, la seguridad que tienen los cónyuges  en caso de fallecimiento, no obstante parece que recientemente a la "Caja" no le gustó la idea de tratar a todas las personas por igual así que tendrá que cruzar los dedos y esperar que a la muerte no se le ocurra venir a su vida por ahora.

Los fragilidad de sus amados ratoncitos le han confirmado que la maternidad no es glamorosa como se la han querido vender desde que jugaba con muñecas y que su responsabilidad no es está en reproducirse, sino en asumir  un papel activo para que sean las propias mujeres las que conscientemente decidan sobre sus cuerpos y sus vidas. Ahora entiende que ella se piensa en ella como una mujer inusual que en lugar de asumir una maternidad biológica, asumió una responsabilidad social para asegurar el cambio y que en lugar de seguir el camino que el mundo y ella misma se había labrado a los 23, decidió crear una senda diferente, de más fácil acceso para otras mujeres que la podrían recorrer si lo desearan. ¿Qué es la vida sino una sucesión de opciones y decisiones?

No hay vuelta atrás. Ella decidió ser tía Chu porque esa también es una decisión.


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